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No angel born in hell could break that satan's spell (D. Mclean)

Christmas Time. Don’t Let the Belss End

Christmas Time. Don't Let the Belss End.

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24 diciembre, 2012 Posted by | Sin categoría | Deja un comentario

Christmas Time. Don’t Let the Bells End

De verdad que a veces me pregunto cómo harán esos que les escriben los discursos al Borbón o al presidente de turno para, una vez que llega la navidad, tratar de empezar un discurso que diga algo nuevo. Bueno, en estos casos bien es cierto que no dicen nunca nada nuevo… y también es cierto que aunque lo dijesen, creo que poca gente que no sea algún becario de los medios de comunicación está atento a lo que digan los gentuzos estos en sus discursos de navidad. Pero a lo que voy es a que tiene que ser, si lo pensáis bien, realmente jodido empezar un discurso de aquel tipo. Si normalmente el folio en blanco siempre produce cierto sentimiento de angustia, tener que escribir algo sobre la navidad tiene que elevar este sentimiento a la enésima potencia.

 

Así que aquí estoy yo, otro año más escribiendo -(después de seis meses sin dar señales)- algo sobre las navidades. Y sinceramente, aunque sé qué es lo que quiero escribir, tampoco tengo muy claro cómo hacerlo. Y además el tiempo apremia, que hay que cenar y esas cosas. El caso es que no quería hablar sobre las navidades en sí mismas, sino más bien repetirme un poco y hacer como el año pasado y hablar de cierta personita que a lo largo de este último año se ha instalado definitivamente y al 100% en mi vida, siendo ya una parte de mi día a día sin la cual ni tan siquiera querría estar.

 

Las casualidades de la vida hacen que esta persona, a quien todos conocéis ya por algún medio u otro, entrase en mi vida por estas fechas. A su manera. Muchas veces hemos comentado que para nosotros sería muy difícil elegir una fecha de aniversario pues por los avatares de nuestra relación tenemos muchas fechas significativas. Y más que están por venir, por cierto.  Nos separa bastante distancia y esto hace que apenas nos podamos ver un par de días al mes, y eso con suerte. Sin embargo, aunque esos días acaben siempre de la misma forma triste, son realmente una bendición, y desde luego el tiempo más feliz que he pasado durante este último año.

Hace unos días iba conduciendo prontito al trabajo. No suelo llevarme el coche, pero ese día, como había una nueva huelga de metro, decidí llevármelo. Cuando conduzco voy escuchando una mega-recopilación de música de varios autores en el usb. Y de repente, cuando salía de la M-30 dirección  Avenida de la Ilustración, con la oscuridad de la noche todavía en el cielo, empezó a sonar esta canción. Imaginaos la cantidad de canciones que lleva el usb que sólo en una carpeta llevo dejando pasar canción a canción desde Octubre (incluyendo dos viajes a Granada), y todavía no ha terminado de sonar la primera pasada de música. Bien, pues apenas unos días antes de navidad, suena esta canción en los altavoces, el villancico de The Darkness. No es ya sólo que la canción me guste mucho, es que tenía que sonar en estas fechas. Y encima la canción tenía que hablar de lo que habla, de una pareja que vive en ciudades diferentes y que sólo se pueden ver el día de navidad. De ahí que la canción pida que no se acabe el día de navidad para que así ella no tenga que volver a su rutina una vez llegado el Boxing Day. La verdad es que me emocioné.

 

No es sólo que me recordase mucho a nuestra relación; es que recordé el vídeo, el final del vídeo y no pude por menos que sentir lo que se supone que sentiría el personaje de dicho clip. Porque en los países anglosajones el día de los regalos es el 24 de Diciembre, pero aquí (mientras la patronal no diga lo contrario) es el 6 de Enero, y más allá de todos los regalos que nos hacemos, con toda la ilusión que nos hacen los que nos gustan, y todo el pillamiento que nos producen aquellos que no tanto, hay un regalo que sé de antemano que tendré ese día 6 de Enero, y que es el que más ilusión podría hacerme, el que más deseo y el que más ganas tengo de que llegue. Porque, no porque pueda sonar a tópico deja de ser cierto, no hay mejor regalo que tener conmigo a esa personita que entró en mi vida un 23 de Diciembre. Te quiero, capulla.   

24 diciembre, 2012 Posted by | Desvarialia | 2 comentarios

The Reincarnation of… Halia. I Prueba Mtb Jardín de la Alcarria, Circuíto MTB Diputación de Guadalajara

Cuando se llega a la mitad de un proceso se puede empezar a tener suficientes elementos como para alcanzar un primer juicio sobre dicho proceso. En mi caso, hoy he llegado a la cuarta carrera del Circuito de MTB Diputación de Guadalajara, lo que significa que he alcanzado la mitad de mi participación en dicho circuito. Recordemos que de 11 pruebas que lo componen, la suma final de puntos y la clasificación en la general vienen dadas por la suma de los ocho mejores resultados de cada cual. De momento se llevan cinco pruebas disputadas, de las cuales, como digo he corrido cuatro, y me empieza a dar la sensación de que está siendo el epítome de esa expresión tan castellana que reza una de cal y otra de arena.

Confieso que nunca he sabido cual es la parte buena en esta afirmación, si la de cal o la de arena… si bien ahora mismo, pensando sobre ello, sólo se me ocurre una situación en la que se usen a partes iguales la cal y la arena… y es una situación jodida, así que lo mismo esta entrañable expresión ha llegado a nuestros días con su significado tergiversado. Sea como sea, de lo que estoy bien seguro es que de mis cuatro carreras, la primera y la tercera me dejaron más sentimientos positivos, y la segunda y cuarta me los han dejado bastante peores.

Hoy tocaba la prueba de Brihuega, I Trofeo MTB Jardín de la Alcarria. No sé por qué tenía ganas de que llegase esta carrera… creo que porque me confundí en su día pensando que la segunda prueba era esta cuando se trataba de otra diferente. El caso es que le tenía ganas, vaya. Además sumaba un elemento que me hacía bastante ilusión, y es que por fin iba a poder estrenar en carrera a la reencarnación de Halia. Brevemente, la Halia original apareció con una fisura el día antes de correr en Colmenar Viejo y no me dieron el cuadro nuevo hasta finales de junio. Por diversos motivos me ha costado readaptarme pues es un cuadro un poco más pequeño, en talla 16 por la 17 del anterior. Y aunque creo que me viene mucho mejor, por tener la tija sin retraso sentía que tenía la posición demasiado adelantada y no terminaba de ir cómodo. Un cambio en la potencia, con una de mayor ángulo, y un poco de paciencia ha hecho que ya me sintiese con confianza –y sobre todo ganas- de estrenarla. Últimamente me estaba sintiendo además muy bien con ella, muy ágil y rápido. Así que tenía ganas de estrenarlo. Pero me temo que no ha sido el mejor de los estrenos.

La forma de acercarme a esta prueba no ha sido la mejor posible. A tres días de parón –con bastante buen recuerdo- que tuve hace dos semanas, se unió un virus estomacal que me ha tenido los últimos diez días bastante tocado y sin dejarme entrenar en condiciones… amén de haberme debilitado, lógicamente. También se une que durante el sábado unos compromisos ineludibles me tuvieron lejos de casa, y que durante esta última semana no he dormido muy bien. Además, la hora de comienzo de la carrera era las 9.00, con lo que me he tenido que despertar a las 4.30 para llegar bien de tiempo a Alcobendas y tirar con Alberto para Brihuega. Y por si fuera poco, el circuito no ha sido precisamente fácil.

Ya he dicho que me gusta que el comienzo de las carreras sea en subida, y si es una subida ancha, mejor. Esto hace que desde el principio se estire el grupo. El problema en Brihuega es que desde que he subido con Alberto esa primera subida calentando, me he dado cuenta de que no iba a ser mi día. Las piernas no iban nada frescas, y notaba el disco trasero rozando contra las pastillas nuevas que puse el mismo viernes. No sé si  influiría en todo caso, pero como digo, no me veía bien y aunque he salido con fuerza y bastante delante cuando se ha dado la salida, rápido he visto que me quedaba. Simplemente notaba que me estaba esforzando bastante pero las pulsaciones no respondían. Siempre me quejo de ir muy alto de pulsaciones, y hoy sin embargo, con 170 me sentía como si superase las 180. En la parrilla había localizado rápido a la lideresa, y al empezar la subida de salida la he pasado mientras decía ella pero chicos, dónde vais tan rápido con todo lo que queda. Qué razón. Antes de llegar al final de dicha subida me ha vuelto a alcanzar y adelantar… igualito que en Tendilla. No es que quiera ganarla porque sea chica, sino porque es mejor que yo pero en un nivel alcanzable, y siempre se me queda a un par de minutos, es fácil de localizar en el pelotón y la única forma de progresar es cuando te vas acercando a los que son mejores que tú. Y ella lo es.

Tanto esperar para publicar la entrada a que publicaran las fotos… y en la única que salgo es la peor que me habían podido sacar. NO fue mi día en esto tampoco.

Durante los primeros kilómetros la tuve en mi campo de visión y nos pasamos varias veces. Pero francamente, me estaba obligando a llevar un ritmo demasiado fuerte, para el que mis piernas pues como que no estaban. Así que finalmente he desistido y me he centrado en que no se fuera mucho para tratar de llegar al final cerca y poder tratar de alcanzarla. Iluso. La verdad es que la he perdido en los siguientes diez minutos y ya no la he vuelto a ver. Además, durante una bajada en zigzag me he llevado un buen susto y me he descentrado un poco y he decidido levantar del todo, que estaba viendo que la carrera iba a ser más difícil de lo pensado. Luego, subiendo un sendero que desembocaba en Fuentes de la Alcarria, el compañero de delante ha hecho que me tuviese que bajar de la bici y ya he perdido un tiempo precioso. Con lo cual quedaba descartado quedar ni cerca de la lideresa. Por cierto que por aquí han dicho en un cruce a uno que iba cerca de mí que éramos los últimos… me cuadraba y no me cuadraba. Me habían pasado muchos, pero tampoco tantísimos. En fin, el caso es que entre que no me veía bien, y que el terreno no parecía favorecerme, me he venido un poco abajo. Además estaba esperando el avituallamiento que se suponía estaba en el kilómetro 18 y no llegaba… con lo que toda esa primera parte se me ha hecho muy larga. Cuando por fin he visto el avituallamiento en Valdesaz he decidido para tranquilamente pues me había pasado uno de los de la cicloturista, y estaba tan convencido de que iba de los últimos que ya me daba igual.

Por cierto, en el avituallamiento he visto una cosa que no me ha gustado nada. Estas carreras salen adelante por la ayuda de muchos voluntarios que madrugan para trabajar para que nosotros lo pasemos bien. Ya sea en mitad del campo señalizando un cruce, o dando botellitas de agua y algo de fruta en los avituallamientos. Admito que mola mucho eso de coger la botellita de agua en marcha sin parar, como los profesionales… pero vamos, que cuando vas de los últimos no pierdes mucho si te para y bajas, la coges, y te la bebes tranquilamente y la tiras a la basura. Pues todos los que pasaban iban en plan pro. Hasta que ha llegado uno, no ha agarrado bien la botellita, la ha tirado al suelo, ha mojado a la chica que se la ofrecía y encima, en lugar de parar, darse la vuelta y recogerla, ha seguido adelante. Creo que hay que tratar con más respeto a esa gente que está ahí ayudando, si no en la próxima va a ir Blas, porque para que te tiren una botella de agua encima y además tengas que recogerla del suelo, como que no está nadie.

Siguiendo con la carrera, el resto se me ha pasado un poco más rápido, aunque faltaba lo peor por llegar y definitivamente las he pasado putas. Lo mismo por eso ha sido por lo que se me ha hecho tan corto, como ya me esperaba pasarlo así de mal, ya no me pillaba de sorpresa. Ahora tocaba pasar por unas cuantas sendas con tramos de los que no me gustan nada, bajadas muy empinadas y con un surco minúsculo del cual salirse significa hostia segura. Pasando de jugársela y a pata que mañana hay que trabajar. Estas sendas desembocaban cerca de Brihuega, a la que había que bajar y llegar a meta bordeando la bonita muralla. Eso nos ponía en el kilómtero 35, punto final de la prueba cicloturista, pero comienzo de la parte más agónica para el resto. Lo primero que había que hacer era volver a subir la primera cuesta de la salida, empezando la parte asfaltada por otro lado, pero desembocando en la parte de tierra; esta parte la he hecho recortando distancia y adelantando a uno del Club Ciclista de Humanes, al que he supuesto el corredor que está dos puestos por encima de mí en la general. Al llegar arriba del todo había que coger una senda dura y corta con mucha piedra, que nos dejaba en la parte más difícil y peligrosa en forma de una bajada bastante empinada, de tierra muy suelta y con una trazada muy poco clara. Aderezaba la situación un grupo de diez personas supuestamente de la organización que estaban más bien para reírse de las hostias de los que no conseguían hacer la bajadita de marras. Bueno, como sería la bajada que andando era difícil mantenerte en pie.

Después de esta bajada tocaba ascender el cerro de la orca, con la cuesta del caballo. Nos habían avisado de que era de unos 3 kilómetros de largo y con un desnivel considerable. Y la verdad es que no se habían quedado cortos. Vamos, que evidentemente pateé como un campeón, y aún así no llegaba a tres kilómetros por hora de velocidad. El sol estaba pegando de lo lindo, y ese viento que tanto había estado molestando y machacando durante otras zonas, había desaparecido. A los que conseguían ir subiéndola montados trataba de empujarlos un poco mientras pasaban, pero tardaban poco en bajarse. Por allí resopla, decían en Moby Dick, y ya por fin pude resoplar yo al llegar arriba del todo. Por cierto, qué cantidad de gilipolleces se pueden llegar a pensar en una carrera, sobre todo cuando estás desconectado de la misma. Algún día tengo que contar las historias que me monto cuando voy sobre la bici.

Bueno, pues ahora tocaba una senda que decían que era espectacular y larga. No era para tirar cohetes, pero estaba bien, de hecho ahí he adelantado a dos. Además parecía que por fin el gel que me había tomado pensando en la subida larga hacía su efecto… a buenas horas, pero por lo menos me permitió centrarme en la senda y adelantar a estos dos. Claro que el efecto del gel dura poco. Decían que al llegar de nuevo a Brihuega había una sorpresita, y el perfil de la prueba tenía una subida a esas alturas. Sabía que había una subida pero no sabía si dura o no, suave o cómo, y al adelantar al segundo en el sendero, éste me ha preguntado, la respuesta fue que pensaba que era corta. Sí claro. Empecé la subida fuerte para intentar despegar a este y tratar de llegar por delante de él y evitar un esprín… bueno, no habría hecho falta, porque el chico iba más tocado aún que yo, y encima lo único que conseguí fue comprobar que cuando ves que vas mal, mejor no te andes con florituras, trata de acabar y ya está. Lógicamente mi subida de ritmo me duró menos de cien metros… aproximadamente lo que tardó el terreno en tener una inclinación bastante alta, sobre todo teniendo en cuenta que ya llevaríamos mil metros ascendidos. Nada, me tuve que volver a bajar y hacerme otros trescientos metros o así a pata. Francamente, desconozco si es que la orografía de Brihuega hacía necesario ese tramo; incluso supongo que a lo mejor el organizador lo puso con su mejor intención, porque sí, en caso de llegar dos o tres juntos en cabeza, esa subida sería la que daría y quitaría la victoria. Pero para los de atrás era una auténtica putada. Evidentemente esto es una carrera y las carreras son duras, así que no lo critico. Pero vamos, que fue la puntilla que nos quedaba a muchos. Aún asi conseguí adelantar a otro más. No así finalmente al de Humanes y a otro con el que había coincidido un par de veces en otros tramos.

Por fin llegué al parque desde el cual nos habían dado la salida, con un malestar de estómago bastante importante, con una paliza encima igual de importante, y con unas ganas de tirar la bici a tomar por culo supinas. Realmente esta carrera ha quedado en el grupo de esas que no he disfrutado en ningún momento. Alberto me decía que a él le había gustado mucho, pero a mí la verdad es que, aún reconociendo que es un trazado de autentico mtb, no puedo decir que me haya gustado. Está claro que la opinión viene de lo mal que lo he pasado, pero francamente, me esperaba otra cosa. Lo bueno es que esto, quieras que no, sirve para seguir progresando, sobre todo ahora que llegan las big-three, tres semanas entre el 26 de agosto y el 9 de septiembre en las que tendré dos del Circuíto de Guadalajara y la MadridXtrema entre medias. Ya veremos, esperemos que llegue con mejores antecedentes, por lo menos a la del día 26, que va a ser un día muy especial. No podía dejar pasar este post sin acordarme de mi capulla, que volverá a casa ese día 26.

Pues lo dicho, próxima parada Molina de Aragón. Esperemos que vuelva a cumplirse la regla que dice que las carreras impares me salen un pelín mejor.

P.D: Al final acabé en la posición 107 con un tiempo de 3 horas 21 minutos 08 segundos. Esto me deja el 33º de la general con 779 puntos, a veinte de la posición 32, y con sólo 2 y 3 puntos de ventaja sobre mis inmediatos perseguidores, que lo más seguro es que den cuenta de mí en Molina de Aragón.

24 agosto, 2012 Posted by | Mountain Bike y Ciclismo | , , , , , , | Deja un comentario

Silver Wings. 4ª carrera del Circuñito Provincial de Guadalajara. El Sotillo 8 de julio

I can’t believe she’s still in trhe sky
Me and my Merlins fly (B. Dickinson)

No es la mejor manera de enfrentarte a una carrera haber dormido poco más de dos horas porque en la terraza del bar de debajo de tu casa unos imbéciles están de juerga hasta las dos de la mañana mientras la policía te dice que “están en su derecho”. No es la mejor manera de empezar haber llegado demasiado tarde para colocarte en la parrilla y salir prácticamente en la última fila. No es la mejor manera de coger ritmo que se te suba un gemelo antes del kilómetro 10. No es la mejor de las suertes que pinches por primera vez en una carrera. No es la mejor de las experiencias llegar a meta justo cuando te está empezando a dar una pájara. Pero sí puede ser que si sobrevives a todo esto sea porque hayas hecho una de tus mejores carreras.

Este es un poco el resumen de lo que me pasó en la carrera de El Sotillo. Supongo que alguno dirá que para variar, haga una entrada corta y la deje así, ¿no? Mala suerte, no voy a dejar de hablar de la carrera que mejor sabor de boca me ha dejado hasta ahora.

Como he comentado en otras ocasiones, el ciclismo tiene mucho de deporte mental, hay veces que tener la cabeza bien amueblada hace que saques fuerzas que no crees tener, o te hace ganar una confianza que no creías poseer. Desconozco cual es el motivo que hace tener esa fortaleza mental en unas ocasiones y no en otras, porque está claro que los subidones y bajones de rendimiento tienen mucho que ver con la fuerza mental. A veces consigues sobrepasar obstáculos que no crees poder sobrepasar, y otras te hundes haciendo algo a priori más que asequible. Esto es así en cada aspecto de la vida. Pero hablando de deporte, a veces cabe preguntarse qué es antes, la fortaleza mental o la física. Podría ser que esa fortaleza mental venga porque sientes que puedes, que tienes fuerzas; y sin embargo que haya veces que por más motivado que estés, el cuerpo no llegue a lo que necesitas y te hundas mentalmente. Francamente, no sé si es lo uno o lo otro –o ambas cosas-, pero en esta carrera de El Sotillo me encontré francamente bien.

Analizando las semanas anteriores, llevaba cuatro semanas seguidas bastante intensas con la bici. Empezó el ciclo con la desastrosa participación en la carrera de Tendilla. La semana siguiente tuve ruta larga con el club por el pico Tres provincias. Una semana después volvía a la sierra para hacer nuestra ruta por el pico Nevero en homenaje a nuestro inolvidable Javi. A esa ruta siguió seis días después la participación en las 24Doce, que me dejaron extenuado, pese a haber hecho sólo tres vueltas. Y terminaba el ciclo el domingo de la semana siguiente en la cuarta carrera del circuito provincial mtb diputación de Guadalajara. Creo que nunca he tenido cinco fines de semana tan intensos, y creo ciertamente que los cuatro primeros me ayudaron en el último.

Como digo, toda la semana posterior a las 24Doce me sentí bastante cansado. Las piernas no me iban, me quemaban y dolían y apenas conseguía acabar entrenamientos de una hora. Por eso decidí  tratar de hacer entrenamientos de recuperación el viernes y el sábado, saliendo muy lento y suave, poco tiempo. Suelo parar el viernes antes de una carrera, hacer entrenamiento suave y corto el sábado, y el domingo ir a la carrera… pero esta vez me dio por cambiarlo. El mismo sábado me sentía un poco mejor, pero con cansancio aún. No esperaba mucho del domingo, así que me fui a dormir con la simple idea de salir tranquilo en la carrera y ya veríamos.

Dormir se convirtió en una entelequia. Abrieron debajo de mi casa un bar a finales del año pasado, y sabía de antemano que iban a abrir terraza de verano. Pero no imaginaba que la única noche que iba a haber barullo era la noche antes de una carrera. ¿Sabéis el típico grupo en el que hay uno que se ríe todo el rato con una risa de lo más desagradable? Pues ese era el grupo que tenía yo debajo de mi ventana. Bieeeeeen. Me jode acostarme a las 22.00 porque me tengo que despertar a las 5.15 de la mañana, y no poder dormir por el ruido. Además de que es desesperante. Te obsesionas tanto con dormir que la propia hiperactividad del cerebro te lo impide. Acabé cerrando las ventanas con todo el calor que hacía. Sólo entonces ya pasadas las 2.00, fue cuando me dormí. Cuando me desperté  estaba empapado en sudor. Todo el día anterior bebiendo para hidratarme para perderlo todo en unas horas por una panda de gilipollas.

Con mucho mosqueo seguí la rutina de siempre para ir a la carrera. Desayuno, viaje a Alcobendas, y viaje con Alberto hasta El Sotillo. Nos habíamos confiado un poco con la hora y llegamos sólo 45 minutos antes. Recogida de dorsales y vamos a inspeccionar la parte final, pero se nos va un poco el santo al cielo y cuando nos queremos dar cuenta quedan menos de diez minutos. Damos la vuelta. Alberto no tiene problema pues al ser líder en Máster 40 sale desde la primera fila de parrilla. Pero yo no, llego de los últimos y apenas hay gente detrás. Sin embargo me he sentido bien mientras calentábamos, no sentía las piernas fatigadas como los días anteriores. A ver qué tal se da.

Aquí ya tenía cara de esfuerzo y no había empezado lo peor

La carrera tenía toda la pinta de ser rápida, puesto que en los alrededor de 45 kilómetros que tenía, sólo se subían unos 650 de desnivel. La salida era en ligera subida. En parrilla se habían puesto a mi lado dos con un tándem, y mi primer pensamiento era que no me adelantasen no me fuesen a hacer tapón. Había bastante gente puesto que ese día se debía haber celebrado en Madrid el campeonato de XC pero apenas unos días antes la federación decidió postponerlo. Eso iba a hacer más difícil obtener una buena clasificación puesto que la gran mayoría de galgos de Madrid se habían apuntado a esta carrera de El Sotillo.

Salí bien, desde el primer momento empecé a adelantar gente. Como la subida tenía un par de kilómetros hubo momentos en los que me quedé taponado por alguno que llevaba delante, lo que me hacía perder posiciones. Pero los datos del pulsómetro eran buenos, así que me mostré agresivo y empecé a meterme por cada hueco que veía y tuviese el espacio mínimo necesario. Tras la subida se giraba a la izquierda y empezaba una pista rápida. Esa pista nos llevaba a bordear el pantano de la Tajera, con un montón de subidas y bajadas con piedra suelta. Durante la parte llana vi que mi ritmo era bueno, pero que lo tenía que regular. Por ejemplo recuerdo que me pasó un tío que me llamó la atención por su estatura. Era inmenso, una especie de Goliath sobre una bici. Traté de seguirle, pero me costaba demasiado, así que preferí regular y si tenía ocasión, adelantarle más adelante. El pulsómetro marcaba 160 pulsaciones, que son pulsaciones que sé que puedo mantener durante mucho rato. Era lo bueno, me sentía con capacidad para regular y si quería forzar, ponerme a 170, y si quería regular, ir cómodo a 160.

Bordeando el pantano la verdad es que me lo estaba pasando bien. Las piedras sueltas hacían que me sintiese un poco inseguro y algunas veces eso lo aprovechaba alguno que llevaba por detrás para pasarme, pero cuando se trataba de pedalear, volvía a cogerlos. Me estaba creciendo porque veía que me iban las piernas, cuando en una bajada pronunciada con mucha piedra suelta vi a un participante por los suelos, mientras que detrás íbamos cinco o seis más. Frenazo, no me da tiempo a bajar desarrollo y me quedo clavado en una pequeña subida muy pronunciada que venía a continuación. Tengo que salir corriendo con la bici al hombro maldiciendo pues me están adelantando algunos que había dejado yo atrás. Al llegar arriba de la subida en plan ciclocross, vuelvo a subir y vuelvo a tirar.  Los primeros kilómetros eran todos parecidos. Como ya he dicho, rápidos, bordeando el pantano, y con algún repecho corto. En uno de esos repechos fue cuando de repente, sin mediar aviso, se me subió el gemelo izquierdo. Afortunadamente había llegado ya al final, así que pude desengancharme y tratar de estirarlo apretando el tobillo para abajo, sin necesidad de parar la marcha. Pero lógicamente, eso fue un buen aviso para decididamente tratar de no forzar. Por culpa de ello en algunas subidas me fueron adelantando corredores, que luego o no pude o me costó coger. Fue una pena porque me sentía bien. El punto positivo fue cuando comprobé que en realidad, pese a tener que bajar el ritmo, al final estaba luchando casi todo el rato con los mismos corredores. Otra cosa que me resultó curiosa fue notar que después de tres carreras, ya iba reconociendo a algunos de aquellos con los que me he ido batiendo el cobre en las carreras anteriores. Localicé a un corredor con equipación del Lampre, a otro con equipación del club Bike Time, otro de un club que va de negro, uno de Bike Aventura Daganzo y a otro del club A Rueda, quién me llamó la atención pues tenía cierto aire a Miliki (lo siento, pero es así). Luego resultó ser el segundo clasificado de la categoría de veteranos. Pues por ejemplo con el Bike Time, el de negro y el A Rueda estuve intercambiando posiciones hasta prácticamente la subida hasta Torrecuadradilla, que era donde estaba el avituallamiento.

La subida a este pueblo, eso sí, se me hizo larga y dura. No es que lo fuera en realidad, pero visto como había descansado, era lógico que algunas cosas no pudiera hacerlas, que subir cuestas que en condiciones normales me habrían costado pero habría pasado, esta vez me costasen. De hecho hay un vídeo por ahí en el que se ve cómo otro corredor me da caza y adelanta en esta subida. En el pueblo decidí parar un par de minutos a tomarme un gel. Lo cierto es que hambre no tenía, aún así acepté un medio plátano que me ofrecían , junto a una botella de agua. La mujer que me dio el plátano me metió otro en el bolsillo del maillot y salí zumbando pues por ejemplo el de negro me había vuelto a adelantar mientras estaba yo parado.  Al salir del pueblo se cruzaba por mitad del campo por un sendero pedregoso que me gustó mucho. Como iba bastante enchufado, tomé pocas precauciones por dicho sendero, que rápidamente se ensanchaba. Tenía a la vista un grupo de cuatro bikers y quería cogerlos. El problema fue que pronto alcancé la principal dificultad del día, llegando demasiado alto de pulsaciones y quedándome con poco margen para subir más pulsaciones.

Esta subida duraba alrededor de cinco kilómetros, con alguna parte más llana y algunos tramos con bastante piedra suelta y el terreno roto. Como digo me esforcé demasiado en coger al grupo que me precedía y eso hizo que llegase demasiado asfixiado a la cuesta, con lo que tuve que patear algunos tramos. Esto hizo que me pasase mi amigo el de A Rueda. Regulé un poco mientras pateaba y ya pude dedicarme a terminar la subida sobre la bici. Antes de llegar al kilómetro 30 empezaba la bajada. Las bajadas me estaban gustando en esta carrera pues eran rápidas pero había que ir controlando. En todo aso no representaban mayor dificultad, caerse era más cosa de ir despistado que otra cosa. Un poco como las de Trillo en la primera carrera del campeonato. En un punto nada más empezar pasé a un participante que había pinchado y estaba reparando. En ese momento pensé en la suerte que había tenido hasta entonces pues nunca, en competición alguna, había pinchado. Error. No pasaron ni cinco kilómetros antes de que pinchase.

Pasé sobre unas rocas puntiagudas por el kilómetro 33 aproximadamente. Iba tan confiado que en lugar de esquivarlas fui por todo el medio. Eran lo suficientemente grandes como para que la rueda se llevase un buen golpe. Pensé en ese momento que si no pinchaba ahí no pinchaba en la vida. Así de confiado iba. De repente empecé a notar una sensación extraña en la rueda de atrás, como si se fuese de un lado a otro y no estuviese estable. Miré y vi que estaba demasiado baja de presión. Seguí unos metros confiado en que el latex taparía la avería, pero entré en una pequeña trialera. No le hizo ningún bien a la rueda y como vi que cada vez perdía más aire, me decidí a detenerme para reparar, maldiciendo lo oportuno del pinchazo. Lógicamente me empezaron a pasar corredores; no muchos, pero todos los que iban cerca de lo largo de la carrera. Por fortuna, mi primo Kike nos había insistido el día antes de las 24Doce en que comprásemos una cosa llamada pit-stop que es un bote con una espuma y aire dentro. Este tiene una apertura del tamaño de la válvula y con apretar para abajo la espuma y el aire salen y si el agujero es pequeño, lo sellan. Era la primera vez que usaba algo así, con lo que no tenía ni idea de cuánto se echaba o qué. Así que lo eché entero. Mientras lo guardaba me pasaba el de Daganzo y me preguntaba si me quedaba. Respondí que no mientras daba pedales a la rueda trasera con la bici boca abajo para que se esparciese la espuma. Cuando lo juzgué oportuno, guardé el bote y me reincorporé a la carrera. Menciono al de Daganzo porque pese a que no pasó más de minuto y medio entre que me adelantó y reemprendí la marcha, no recuerdo haberle alcanzado.

El pinchazo fue de una mala suerte terrible, pues aparte de cortarme el buen ritmo que llevaba, me quedaba menos de un kilómetro para entrar en una pista asfaltada que seguía bordeando el embalse, y 14 para meta. A partir de este punto, la carrera era un continuo subebaja. Al salir a la pista, en la primera subida vi que coronaban mientras yo comenzaba a subir el de A Rueda con otros dos compañeros y un cuarto participante. Estaba encendido, así que me propuse que tenía que acabar la carrera por delante de ellos. Pero no acababan mis problemas, pues el pit-stop no había funcionado y la rueda se me había quedado con poca presión. No sabía si aguantaría, así que decidí exprimirme lo posible mientras la rueda aguantase. En la segunda rampa estaba alcanzando a los A Rueda. Dudé si quedarme “a rueda” -nunca mejor dicho- para recuperar o ya que estaba seguir a mi ritmo. Decidí lo segundo. Mi amigo el Miliki (con todos mis respetos) salió detrás de mí. Nos sacaron de esta pista que estaba asfaltada a otra de tierra a la izquierda, en ligera subida, y en esa pista empecé a notar que algo ya no andaba bien. La rueda pinchada me exigía mayor esfuerzo, y me había cebado demasiado en las dos rampas anteriores. El de A Rueda me pasó, aunque volví a pasarle yo unos metros después. Estaba empezando a pasarlo mal y me sentía un poco raro.

Me gustó la zona de campo a través de Las Inviernas. Lo que no me gustó tanto fue lo que venía después

De esta forma llegamos a Las Inviernas. Tras una bajada nos indican que hay que torcer a la izquierda. Mientras tuerzo veo que hay una bajada campo a través y que empiezan a gritarme ¡a la derecha, a la derecha!. De repente me encontré un escalón que si bien en la foto que adjunto no parece gran cosa, lo cierto es que desde arriba impresionaba. Culo atrás y a esperar no caerme delante de tanta gente. Lo consigo, sigo bajando campo a través y cruzo una carretera estrecha. Allí hay un avituallamiento líquido. Una mujer me ofrece agua, pero no me apetece nada beber. Pregunto que cuánto queda, me dicen que unos 6 kilómetros, así que decido no parar. En ese momento viene una subida no muy larga, pero sí pronunciada. Cada vez me encuentro peor, y subo lo que puedo. En un momento que hay unas rocas frente a mí, me bajo y continúo a pie. Miro para atrás porque espero que el de A Rueda me pase  en cualquier momento, pero él también se ha bajado. Al  llegar arriba comienza una bajada a un barranco llamado Del Infierno. Era una bonita senda con algunas partes difíciles. Trato de forzar aquí para sacar distancia al de A Rueda, y adelanto a dos que van a pata. En un momento dado unos lugareños están gritándonos que nos bajemos que hay una parte muy peligrosa y que se han caído otros. Me bajo, pero no era para tanto. También nos gritan que en unos metros comienza una subida que es imposible subirla sobre la bici. Así que sigo a pata pero… lo de unos metros… lo cierto es que fueron cerca de doscientos, por hacerles caso me perdí doscientos metros de senda preciosa. Eso sí, tenían razón, ni de coña se subía la cuesta. No era muy larga, pero la inclinación y el terreno eran imposibles. Cargo con la bici y cuando llego arriba me dicen ánimo que ya no queda nada para las hamburguesas. No sé de qué hamburguesas me habla, pero me revuelve el estómago. Me dice otra que queda menos de un kilómetro. Me subo a la bici y comienzo una pequeña bajada. Voy ya bastante mareado cuando desemboco en una pista de cemento parecida a la pista por la que Alberto y yo habíamos ido en el calentamiento. Es en subida y ya no puedo más. Me doy por vencido, si me pasa el de A Rueda o alguno de los otros que he pasado, que me pase. Apenas puedo pedalear. Escucho voces de gente, levanto la cabeza y veo la meta. Pensaba que quedaba más. Miro atrás y veo que no me sigue nadie. Aprieto los pedales y paso bajo el arco, mano en el pecho como siempre en recuerdo de Javi. Me paran para quitarme el dorsal de la bici, mientras me preguntan que qué tal. Apenas puedo hablar. Me encuentro a Alonso, le cuento todo lo que me ha pasado y me dice que Alberto también ha pinchado y ha perdido el maillot de líder. Él ha llegado tercero y con más ventaja sobre el segundo quien no es otro que el de A Rueda. Voy a buscar a Alberto mientras empiezo a beber. Tienen montada en la meta una pedazo de barbacoa alucinante. Comer no comí, no me apetecía, pero bebí dos botellas de agua, tres botes de coca cola, uno de fanta y dos de shandy. Me mearía vivo, pensareis. Pues no, llegué con tal deshidratación que se me hizo poco líquido. En casa apenas comí, seguía con el cuerpo revuelto.

Finalmente llegué en la posición 106. Esto me hizo sumar 194 puntos con lo que subí a la posición 36 de la general con 584 puntos, a sólo uno de subir una posición más. Lo mejor de todo es que pese a todo lo que me pasó, me encontré bien sobre la bici, note buen golpe de pedal, y pese a haber tenido problemas físicos y mecánicos, tuve una alegría de pedaleo que no había notado en lo que iba de año. Soy consciente de que si la carrera hubiera tenido cinco kilómetros más, me habría hundido, pero se puede decir que llegué con la gasolina que necesitaba. El sufrimiento del final no hizo mas que convertirse en recompensa tanto por la posición final, como por el hecho de que si no hubiera tenido tantos contratiempos, no lo habría pasado tan mal. La líder de las féminas me sacó apenas dos minutos y diez posiciones. Si no hubiera pinchado, seguramente habría quedado por delante de ella. Así que ya sé los siguientes objetivos, ganar a esta chica y entrar entre los cien primeros. Está en mi mano, sólo he de progresar un poco más. Lo intentaremos.

Próxima parada: Brihuega.

9 agosto, 2012 Posted by | Mountain Bike y Ciclismo | , , | Deja un comentario

Memorias de Jóvenes Airados. 24Doce de Moralzarzal 2012. 31 de junio y 1 de julio 2012

En su magnífico disco del 2008 Balmoral, Loquillo grababa una canción en recuerdo a toda la generación de su juventud. Fue esta una generación que se inventó a sí misma, sin apenas referentes previos en los que inspirarse, debido al modelo de sociedad española. Una juventud que de repente, se vio liberada de los corsés que la reprimían, y decidida a tomarse de un trago el tiempo perdido. Años de movida, con todo lo que esa palabra implica hoy en día. Pero no sólo fueron años intensos en lo que se refiere a la cultura, de repente una nueva generación de deportistas empezaba a sacudirse el complejo derrotista típicamente español, y gente como los integrantes de la selección española de baloncesto en Los Ángeles, ciclistas como Perico, futbolistas como los de la Quinta del Buitre, rompían moldes y marcaban nuevos hitos que sin duda han llevado a esta eclosión del deporte español que vivimos hoy en día. Loquillo estuvo a punto de ser uno de esos del baloncesto, coincidiendo con los Solozabal, Jiménez y Epi que se convertirían en leyenda juntos a los Fernando Martín, Romay, Iturriaga etcétera. Y desde ese punto de vista del que pudo ser en un campo, pero acabó siéndolo en otro, escribió para ese disco Memorias de Jóvenes Airados. Esos jóvenes airados rondan y sobrepasan hoy la cincuentena, y siguen marcando pequeños hitos.

Todo esto lo cuento porque quiero dedicar esta entrada a mis compañeros de este año en las 24Doce. Vale, una introducción demasiado profunda para hablar de una competición ciclista en una modalidad que no deja de ser amateur. O a lo mejor no es tan descabellado hablar en este tono, puesto que una semana después sigo impresionado de lo que hicieron mis compañeros de equipo. Kike y Juanky pasan de los 50. Diego es más joven, pero me saca once años. Y cada uno de ellos me da cien mil vueltas en esto del ciclismo, como veréis ahora.

Nuestro cuartel general durante la carrera

El año pasado me perdí las 24Doce, afortunadamente, por mi caída en Colmenar Viejo. Digo afortunadamente porque aquello fue un infierno de frío y barro. Este año parecía que también iba a perderme la carrera puesto que no conseguíamos sacar ningún equipo adelante. Yo quería correr en parejas (menos mal que no hice esa locura), nadie terminaba de proponer equipos. Al final me llamó Diego para hacer un equipo de 4 a doce horas, como corrí en 2010. Nos hacían falta dos más, y los que se prestaron fueron Juanky y Kike. Ni me creía el equipo en el que había caído al final. De estar ya convencido de no correr a verme en un equipazo así medió una simple llamada telefónica. Claro que después del subidón vino la parte en la que me daba cuenta de que era, de largo, el eslabón débil de ese equipazo, lo cual tampoco me hacía mucha gracia. Sabía que con un compañero mejor que yo seguramente optarían al podio. Conmigo, ya no tanto. Pero también es cierto que la categoría de doce horas ya no es lo que era antes. Cuando corrí en el 2010 el nivel en esa categoría había subido con respecto a los años anteriores, y el año pasado igual. Al final, la gente vio que era muy difícil batir a los equipos de EnBici que se presentaron año tras año en 24×4, y algunos vieron su posibilidad bajando de categoría. Además, correr 12 horas es más descansado que correr 24, y apenas corres de noche, librándote de los riesgos. Así que bueno, incluso aunque fuesen con un paquete como yo, a lo mejor al final no era por mi culpa por lo que no subían al podio sino por el nivel de los contrarios.

Al final, de club nos apuntamos en 12 horas por cuatro masculino mi equipo y otro equipo que contaba con dos integrantes del club, mas otros dos antiguos integrantes del mismo. En parejas y doce horas se apuntaron Richard y El Guardia. Y en 24 horas en solitario se apuntó Mariete. Una inoportuna enfermedad acabó con el equipo en pareja un par de días antes. Una lástima, porque El Guardia y Richard lo podrían haber hecho muy bien. El pique quedó entre los dos equipos de 4×12 horas. Mirándonos hombre a hombre, la verdad es que no parecía que tuviésemos muchas oportunidades. El otro equipo tenía al Hardy, un tío que va como una auténtica moto. En la comparación sería la pareja de baile de Diego, y todo indicaba que estaba más fuerte que este, pues además a Dieguito lo teníamos con el cuello mal. Luego estaba Robertín, antiguo mecánico de la tienda, que en tiempos corrió el open de Madrid en élite. Tiene mi edad y es un hacha cogiendo la forma, tanto que el que se le podía comparar en mi equipo era Kike, con veinte años más, pero con una clase más que demostrada (en 2010 fue tercero en el campeonato de España de ciclocross en Máster 50); pero ni él mismo pensaba que tuviera nada que hacer contra Rober. La otra pareja de contrincantes, el Desas y Juanky. Otros veinte años de diferencia, más explosividad en el Desas y ante todo una grandísima técnica. Tampoco parecía que Juanky pudiera hacer nada contra él. Y la cuarta pareja, el Ruso contra mí. Igualmente, el Ruso es un tío con una técnica depuradísima… toda la que me falta a mí. Y en la ruta de la semana anterior, cuando subimos al pico nevero, parecía que estaba más fuerte que yo subiendo. A mi favor, que tenía experiencia en las 24Doce, y en competición. Pero aún así, también partía como perdedor.

Las 24Doce tienen el tema, sobre todo en el formato de doce horas, de que no sabes muy bien contra quién corres, salvo excepciones. En otras carreras sale el listado de inscritos, y ves que corre tal o cual. En las 24Doce no, si acaso sabes el nombre del equipo pero no de sus integrantes, lo cual hace que no sepas muy bien cuáles son tus posibilidades hasta que no terminas el primer relevo completo. Ya digo que mi equipo habría hecho pódium en 2010 casi seguro. En esta ocasión sólo sabíamos que teníamos al enemigo en casa, y no pensábamos que pudiésemos hacer podio. La competición era el pique fraternal con el otro equipo del club. Además, ya digo que cada vez hay más nivel en esta prueba. Antes, cuando nació, ante todo esto era una fiesta de la bicicleta. Esta es la sexta edición, y la cuarta vez que es campeonato de Madrid de resistencia. Y no sólo eso, es que era la cita final del nuevo open de España de resistencia, que había contado con 5 pruebas anteriores de 12 horas –para ganar el campeonato había que participar en la prueba de 24 horas-. Con lo que es evidente que el nivel es cada vez más alto. Muchos corredores de hecho han dejado de participar porque esta prueba ha perdido el encanto festivo con el que nació. Dicen que antes estaba todo lleno de barbacoas por la noche. Ahora alguna hay, pero cuando ves la cantidad de equipos oficiales de tiendas que hay, ves que mucha gente ya no viene a jugar, sino a competir. Sigue habiendo mucha gente que viene a pasar el día, pero de los 2000 participantes, sabes que va a haber un buen número de equipos muy de élite.

A las doce de la mañana empezó la carrera y nada más darse el primer paso por meta, las cuatro primeras posiciones quedaron adjudicadas. Estábamos en cabeza cuatro equipos, Carrasco & Ciclos Florida, Salvajes EnBici Cueva del Hierro, Morenito Team y EnBici Grupo Salvaje. La vuelta rápida es el criterio de desempate en caso de que dos equipos acaben con las mismas vueltas. Nosotros fuimos el equipo que peor vuelta rápida hizo de los cuatro de cabeza. Eso nos obligaba a tener más ritmo. Optamos por ir a dos vueltas por cada uno de nosotros. El problema fue que Diego perdió contra Hardy en ambas vueltas de su relevo, al igual que Juanky contra Robertín. Llegó el turno del tercer relevo y como Kike todavía no había vuelto de la tienda, me tocaba salir a mí. Estaba nerviosísimo, el circuito me había parecido peligroso en algunos tramos el día anterior cuando estuvimos viéndolo, hacía calor… todo eso que se te olvida cuando ves llegar a tu compañero. Me lancé a por el testigo y salí corriendo para entrar al circuito. Este constaba de una primera subida por pista que daba a otro tramo por sendero. Este tramo comenzaba a bajar por otro sendero que estaba muy seco y con mucha arena suelta, que luego mejoraba en cuanto a su dureza, pero por el cual se iba muy rápido entre árboles. Salía después a una pista ancha de unos tres kilómetros que luego torcía y alternaba otra pista con algunos tramos cortos de sendero. Una pequeña bajada técnica acababa en un subida corta y muy explosiva, que a su vez daba a otro pequeño tramo revirado que daba en la última pista que nos llevaba hasta meta.

¿Cual de los dos equipos subiría finalmente al podio? La verdad es que pasamos un gran día compitiendo juntos

En la subida ya empecé demasiado fuerte, y eso sumado a los nervios hizo que me pusiese a tope de pulsaciones. Así que en el tramo más duro tuve que patear. Al llegar al sendero me vi excesivamente agarrotado, lo que al final hizo que acabase por los suelos sin importancia. Notaba que un montón de gente me alcanzaba y era un agobio tener que encontrar sitio en un sendero estrechísimo para dejarles paso. Además, no me bajaban las pulsaciones y empezaba a ver difícil aguantar dos vueltas a ese ritmo. En la zona de pista me lancé para tratar de ir lo más rápido posible, y adelanté varias posiciones. En ese tramo el viento venía a favor y te ponías a 40 por hora sin problemas. Lógicamente, al torcer para coger la otra pista, ese viento ya venía en contra. Diego y Kike me habían dicho que en ese tramo cogiese rueda de alguien o me quemaría yendo contra el viento. El problema era que las ruedas que conseguía coger eran muy lentas, y las de aquellos que me pasaban, imposibles de mantener, así que tuve que ir todo el tiempo con viento en contra. Para entonces ya tenía claro que mi relevo iría a una vuelta porque no podía más, si daba una segunda vuelta iba a ir mucho más lento, así que prefería dar el relevo y puesto que el tiempo perdido en la entrega del testigo sería menor del que presumiblemente perdería si daba esa segunda vuelta. Además estaba muerto. Así que al llegar a meta, con mucho mosqueo contra mí mismo, tuve que entrar al box con una vuelta dada en 38:06. Allí me esperaba Kike, quien salió zumbando.

Afortunadamente, tomé la decisión correcta. En apenas una vuelta el Desas me había sacado más de dos minutos, con lo que sin duda, en la segunda vuelta me habría ido a los cinco minutos mínimo. Sumado a que ya llevábamos cerca de cinco de pérdida, podríamos perder vuelta contra ellos al llegar la tarde. Pues tampoco era tema de dejárselo tan fácil. Lo bueno ahora era que Kike pillaba al Desas menos fresco y que al Ruso le pillaba la segunda vuelta de Kike y el comienzo del nuevo relevo de Diego, y nos podríamos acercar a ellos. Pero lo que no esperaba era que Kike hiciese esa exhibición que hizo. Apenas llevaba yo un rato sentado tratando de engullir algo de comida para recuperar, cuando vi que Kike volvía a entrar por meta. Había tardado escasamente 32:36 en dar su primera vuelta. Teniendo en cuenta que él mismo decía que su segunda vuelta sería más rápida, ¿cuánto podría hacer? Finalmente invirtió un segundo más en esa segunda vuelta, pero teniendo en cuenta que el Ruso hizo sus dos vueltas en 38 minutos cada una, y que Diego marcó nuestra vuelta rápida en el nuevo relevo con 32:15, es fácil ver que los habíamos adelantado.

El nuevo relevo decidimos hacerlo a una vuelta. No fue una mala idea puesto que tanto Diego como Juanky mejoraron sus tiempos. Eso me daba a mí un par de minutos de ventaja. El problema era que me tocaba coincidir con Hardy en el circuito, el mejor de ellos contra el peor de nosotros. Mientras, en la clasificación general, las vueltas rápidas nos condenaban a la cuarta posición, estando los cuatro equipos empatados a vueltas. Cualquier mínimo detalle podía hacer a un equipo subir al podio. Los que mejor lo tenían eran nuestros compañeros, que subían y bajaban entre la segunda y tercera posición, mientras que ciclos Florida iba cogiendo tiempo en el circuito y estaba cerca de ganarnos vuelta al resto de equipos. Cuando salí al circuito simplemente no iba. Tenía las piernas totalmente rígidas, como leños. Sólo a mí se me ocurría no haber estirado un poco tras haber terminado mi primera vuelta. Hice la subida muy torpe. Pese a adelantar a algunos, tuve que echar pie a tierra en la parte más difícil, y tuve que dejar pasar a los adelantados, perdiendo tiempo. En el sendero me encontraba cada vez más torpe hasta que de repente empecé a notar que llevaba a varios atrás en la peor zona. No podía apartarme cuando entré en la zona rápida del sendero, así que en el momento en que vi una zona medio libre, avisé de que me pasaran por la derecha y me salí del circuito parándome totalmente. El que iba detrás era el Hardy, aunque no lo reconocí. Reanudé la marcha con malísimas sensaciones. Sabía que el Ruso había hecho sus vueltas en 38 y quería intentar hacer menos de ese tiempo, pero no iba nada bien. Sufrí en la zona de viento de cara y en los senderos me hicieron tapón un par de personas. Tanto que al final me desesperé, tiré por el primer hueco justo donde se volvía a meter la pista por otro sendero. Por no salirme del sendero tuve que frenar del todo, echando a otro compañero fuera y viendo como de nuevo se me colaban aquellos que había adelantado. Estaba quemadísimo y sólo quería terminar esa vuelta. 38:34 y cuatro minutos perdidos con el Hardy.

Buenos competidores, buen podio

Mientras tanto, en la carpa, mis compañeros habían resuelto que Diego y Kike volvieran a ir a dos vueltas pues la única solución que teníamos si queríamos adelantar a nuestros compis y tratar de pillar a los Morenito era que ellos dos se exprimiesen un poco. Kike volvió a ser un increíble reloj e hizo sus vueltas en 33:25 y 32:42. Diego por su parte hizo otro gran relevo, aunque tuvo la mala suerte de pillar tráfico y de que el cuello estuviese diciéndole basta. Aún así dió dos vueltas en menos de 35 minutos cada una. Eso nos volvía a poner por delante. A su vez Juanky se animó a dar también otras dos vueltas. Se salió en este relevo pues tardó, sumando ambas vueltas, menos de un minuto más de lo que había tardado Diego. Sabíamos que teníamos que ser más regulares que los de Cueva del Hiero, y lo estábamos siendo. Juanky llegó muerto a darme el relevo, lo había dado todo. ¡Qué grandísimo relevo hizo! Salí por fin para mi tercera vuelta tras algún problema con el testigo que se me había quedado flojo en el tobillo. Los guantes largos se me pegaban en el velcro y me costaba ajustarlo bien. Pero desde el primer momento me sentí mejor. La temperatura había bajado un poco, había estado estirando en la carpa, había comido mejor que en anterior relevo, y salí más tranquilo en la subida, no tan revolucionado. Eso lo noté en el pulsómetro pues al llegar a la zona más dura de la subida todavía tenía un par de pulsaciones para subir. También ayudó que se había formado tapón y me llevaron unos metros sin poder subir el ritmo. Cogí el sendero tratando de no frenar en los tramos más llanos, pero casi me salgo. Perdí un par de segundos, pero encontraba el suelo en mejor estado. Tantas ruedas pasando tantas horas habían hecho surcos grandes y se metía bien la rueda. También, de pasar varias veces, me sabía las zonas más difíciles. Casualmente estaba coincidiendo con otro tío que también tenía una Kona Kula, del 2009 la suya. Me piqué un poco y traté de seguirle lo más rápido que pude. Eso hizo que hiciese el sendero de bajada más rápido que ninguna otra vez. Al coger la pista no me fue difícil pasarle y meterle cada vez más metros. Al llegar al cambio de sentido escucho que me piden paso y cuando esperaba encontrarme al de la Kona Kula me encuentro al Hardy, que me dice que va muerto. Otra vez me ha pillado en el circuito. Tras unos segundos cagándome en todo lo cagable, aprieto los dientes para tratar de acercarme a él. Me estoy muriendo encima de la bici y consigo contactar con él. En algunos tramos me saca unos metros, pero esos metros los consigo volver a coger tras mucho esfuerzo. El pulsómetro me marca 189.
Empieza a darme flato. En la zona donde casi me salgo en la vuelta anterior el Hardy me mete a un par de corredores, pero vuelvo a cogerle en un tramo de falso llano. Al final llega la última bajada técnica y la subida corta y explosiva y allí ya no puedo aguantarle. Me deja y me mete unos metros que ya no podré recuperar. Al final llego a menos de 20 segundos de él, haciendo mi mejor vuelta, 36.22. Lo bueno de esto es que Kike tiene muy cerca a Rober, y parece ser de hecho que lo pasó antes de llegar a la bajada.

Al final, en otro vueltón y alarde de regularidad de 32.41 consiguió meterle más de un minuto. Para entonces ya era noche cerrada y buena noticia, el Desas no ve bien de noche. Y se la juega con Diego, cualquier cosa puede pasar. Además, el siguiente relevo son Juanky contra el Ruso, así que estamos en superioridad. De hecho Diego hace su vuelta nocturna en 35.33 y Juanky en 37.55, lo cual son dos vueltas bastante rápidas puesto que de noche todo cambia. Yo de hecho quería librarme de dar en ese circuito la vuelta nocturna. Cuando Juanky entró ya llevábamos 11 horas, 37 minutos y 50 segundos de carrera. Ya no daba tiempo de dar otra vuelta. Habíamos ganado finalmente a nuestros compañeros, el pique había caído de nuestro lado. Dimos 20 vueltas al final. Sólo quedaba la incógnita de si el Ruso daría su vuelta completa. Si no la daba, subíamos nosotros al podio, pero tenía 55 minutos para darla. Le sobraron 16. Otro que fue como un reloj y que todas sus vueltas fueron en los mismos minutos siempre. Tiene un gran mérito hacer las vueltas de día igual de rápido que la nocturna. El podio quedaba Ciclos Florida primero, Morenito team segundos, y Salvajes EnBici cueva del hierro terceros. Tanto el Desas como el Ruso aguantaron bien sus relevos y gracias a la vuelta rápida del Hardy subieron al podio. Mucho se puede decir de esta forma de desempate. La mayoría de la gente está en contra porque es cierto que se puede dar el caso de que un equipo entre por los pelos en el último segundo y pasar a ganar la carrera o entrar en podio cuando otros equipos habían acabado mucho antes. Nuestro caso es claro, nosotros terminamos siete minutos antes por meta en nuestra última vuelta, y sin embargo subieron los que en una carrera lineal habrían quedado cuartos. Ciertamente, no es justo. Pero la verdad es que también tiene su punto el tema de la vuelta rápida. No me importa haber perdido por la vuelta rápida, pues también tiene mérito conseguir que tu vuelta rápida sea más rápida que la del resto. Influyen muchos factores, y tienes que tenerlos en cuenta en la estrategia de tu equipo. Así que me parece un elemento que le da más salsa a la competición, aunque esta vez me haya perjudicado.

Dudo mucho de que vuelva a verme en otra situación así, tan cerca del podio. Siempre he tenido claro que no es posible que algún día llegue a tan siquiera conseguir un podio en una carrera. Mucho tendrían que cambiar las cosas, al menos. Y aún así, gracias a mis compañeros de equipo, casi subo a uno. Habría sido seguramente uno de los mejores días de mi vida, pero de hecho, creo que ya lo fue. Por momentos sentí lo que es la lucha por estar en cabeza, y me sentí parte de un equipo que estaba luchando por hacer algo grande. Creo que mis compañeros quedaron satisfechos también. El propio Kike ha sido ganador en 24 horas, cuando esta carrera fue el primer campeonato de Madrid de resistencia. Y sin embargo públicamente dijo que fue la vez que más lo ha disfrutado. La verdad es que se le veía disfrutando. Es impresionante el gen competitivo que tiene. Como impresionante también es Dieguito. Hace poco menos de un año tuvo un accidente con la bici de carretera y se partió un par de costillas y vértebras. Tuvo una dura rehabilitación y volvió a competir en las 24Doce. Hasta ahora creo que sólo había corrido una marcha. Y con el cuello tan mal, con un montón de problemas en su trabajo, y ahí estuvo dando el callo y haciéndose 6 vueltas, dando nuestra vuelta rápida. Y qué decir de Juanky. Recién cumplidos los 51, impresionante cómo derrochó todas sus fuerzas en el circuito. Cómo se metió a dar una vuelta nocturna sin pensar en riesgos, habiéndose caído el día antes en el reconocimiento que hicimos, él que no se cae nunca.

Sumando nuestras edades, nuestro equipo sacaba más de 40 años al otro equipo con integrantes del club. Y no es que fueran unos mindundis precisamente, puesto que años, kilómetros y clase atesoran. Viendo las fotos del pódium, tampoco es que se les sacase muchos menos a los otros dos equipos que coparon la primera y segunda plaza. Y sin embargo estos jóvenes airados que corrieron conmigo, no subieron al podio, pero dieron toda una lección. Sólo puedo decir que chapeau y gracias. Y un recuerdo para Mariete, quién hizo la enorme machada de quedar 5ª en la modalidad de 24 horas en solitario.

Próxima estación, 4ª carrera del circuito provincial de Guadalajara, en El Sotillo.

7 julio, 2012 Posted by | Mountain Bike y Ciclismo | , , , , | 3 comentarios

Run Devil Run: 3ª carrera del Circuíto Provincial de Guadalajara, Tendilla 10 de Junio

Hay carreras que tienen tan poca historia que no sabes muy bien qué contar sobre ellas. Suele darse la coincidencia de que además son carreras en las que no se ha conseguido ir como uno esperaba, y al cruzar la meta hay en tu cara de todo menos una sonrisa de satisfacción. Eso es lo que me pasó en Tendilla, la tercera carrera del Circuíto Provincial de Guadalajara, y mi segunda participación en el mismo.

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Después de haber vuelto de mis vacaciones en Almería, me choqué de bruces contra el muro invisible del viento de Madrid. Curioso, mientras que en Almería, una ciudad costera, estuve diez días disfrutando de un tiempo en el que apenas se movía una hoja, en Madrid, en todo el centro de la península, seguía haciendo el mismo aire de antes de irme. Vientos de más de 25 km/h, ráfagas de hasta 70… vamos, que no conseguía hacer un entrenamiento medio normal puesto que me quema muchísimo montar en bici con el aire y tener que pelear por llevar la bici recta. Eso, unido a que pese a haberme llevado la bici a Almería para entrenar me había vuelto con un par de kilos más que cuando me fui, pusieron los ingredientes para que Tendilla se convirtiese en una carrera de mal recuerdo.

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En Almería resoplé mucho entrenando pero me sirvió de poquito a la hora de la verdad.

Como en la carrera de Trillo, fui desde Alcobendas hasta la localidad organizadora de la carrera con Alonso y Alberto. Como coincidía con los 88 de Mamooth, que este año era el campeonato de Madrid, se presuponían importantes ausencias. Eso dejaba el liderato de Máster 40 a huevo para Alberto. De los tres que le antecedían, ninguno se había apuntado, y el perseguidor más inmediato había entrado después de este tanto en Trillo como en Pastrana. Situación parecida se daba con Alonso en Máster 50, pues, además de ser el líder de la categoría, ninguno de sus perseguidores inmediatos estaba apuntado a la carrera. Os podéis imaginar el honor que es para mí ir a estas carreras junto a dos cracks como ellos, que no dejan de darme buenos consejos, y de los cuales trato de aprender lo más posible.

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El perfil de la carrera poco tenía que ver con el de Trillo. La carrera era un poco más larga, pero con menos desnivel. De hecho en la web del campeonato dejaban claro que iba a ser una carrera bastante rápida, alrededor de hora y media para los primeros. Y vaya si lo fue. Cuando nada más salir, estando colocado en la tercera fila, ves que te empieza a pasar todo el mundo como motos y que de repente te pasa uno en una Spezialized de doble suspensión poniendo postura y cara aerodinámicas es cuando piensas que hay algo que no te han contado. Mi estrategia era, en un principio, dejar pasar los primeros kilómetros y recuperar a partir del avituallamiento. Pero la primera subida me puso en mi lugar.

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La carrera tenía dos subidas en la primera mitad del recorrido, en las que se ascendía casi todo el desnivel, que se situaba en torno a los 600 metros. Luego había una zona de pista antes de entrar en un larguísimo sendero de 7 kilómetros que iba a ser el juez de muchas posiciones en la clasificación. Desde la salida, ya digo que me empezó a pasar gente. Al salir al primer camino dejando la carretera, levanté la cabeza y me vi lejísimos de la cabeza, con un montón de gente entre medias. Pero es que en la subida las cosas fueron peores aún. En seguida me puse altísimo de pulso. Las sensaciones comenzaron a ser extrañas puesto que me sentía ahogado y de algún modo, frenado. Estaba claro que mi sobrepeso no me iba a ayudar, y sin embargo sí era un gran lastre. La subida tenía un desnivel que aunque duro, tampoco era nada exagerado, y sin embargo no conseguía adelantar a nadie, y si por un casual lo hacía, rápido me volvían a pasar a mí.

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Penando de esta forma, y maldiciendo mi mala cabeza durante las vacaciones, llegué arriba, donde se suponía que comenzaba un primer sendero. Como venía con la moral muy alta por lo bien que se me dio el tema en Trillo, lo esperaba como agua de mayo. Pero tampoco esta iba a ser mi zona. El sendero era demasiado estrecho para mi gusto, con lo que me salí varias veces. Cuando por fin se ensanchó, conseguí recuperar un par de posiciones, pero la verdad es que el ritmo al que me tenía que poner me estaba machacando un poco, pues no recuperaba. Al final, sin apenas darme cuenta, llegó la segunda subida, que llevaba al pueblo de Fuentelviejo, donde estaba el avituallamiento.

Corriendo con un par de cracks como estos algo se me tendrá que pegar.

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Mi intención era no haber parado en dicho pueblo y hacer como el desaparecido Laurent Fignon y usar el avituallamiento para recuperar posiciones. Pues me salió al revés, porque al terminar la subida estaba tan reventado que tuve que parar. El caso es que no me entraba nada, pero forcé y me bebí dos botellitas de agua y medio plátano. Los lugareños decían que ahora era todo para abajo… pues bueno, no es que sea falso, pero para empezar a bajar había que subir otro kilómetro y medio más. Después empezamos a bajar hasta el margen de una carretera comarcal, a cuyo lado pasábamos para después cruzar por debajo de la misma y seguir pisteando, con algún sube baja. En una zona me pasó un tío y… no sé, el hombre no tenía la culpa, pero es que ya me tocó la moral. Fue de estas veces que piensas que cómo te puede estar adelantando un tío así. Picado en mi orgullo inicié (o traté de iniciar) una remontada. Aprovechando la pista, cargué plato grande y apreté los dientes. La verdad es que el hombre este se defendió bien, pues no sólo me aguantó sino que adelantamos a un par de corredores que iban delante. Cuando por fin conseguí adelantar a este que digo, un repentino giro a la izquierda nos metió en un sembrado con el suelo muy removido. Al ir con plato grande no me dio tiempo de bajarlo y poner un desarrollo más ligero y me quedé clavado. Unos cinco kilómetros tratando de adelantar al pavo ese y me dura la alegría menos de un minuto.

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Imposible salir del sembrado montado, así que tuve que patear y arrastrar la bici y me adelantaron los otros a los que habíamos adelantado previamente. Iba ya cruzadísimo, mosqueadísimo, quemadísimo y todo lo que se os ocurra. En ese momento comenzó el esperado sendero de 7 kms que nos habían comentado, y por el cual, según el organizador del circuito provincial, era imposible adelantar. Los primeros centenares de metros eran por una zona reviradísima con un montón de raíces que hacían difícil mantener el ritmo. Luego ya la cosa se convertía en un sendero bastante chulo en el que si te pasabas un poco te podías ir al suelo. Que era imposible adelantar quedó patente puesto que al poco contacté con todos los que me habían pasado en el sembrado, sumados a otros dos corredores. En total un pelotón de 6, de los cuales tres eran del mismo equipo. Dato importante este, pues el que iba haciendo tapón era de ese equipo. Uno de esos tres, que me precedía directamente, pinchó, y conseguí subir una posición. Pero otro par me llegó por detrás. Iba desesperado puesto que sabía que yo podía ir más rápido en esa zona. Al final, en una curva cerrada el hombre de delante tiene que echar pie a tierra. Al no poder pasar, el resto hacemos lo mismo y este hombre nos cede el paso. El segundo del grupo era de otro equipo, y el tercero del mismo que el del primero. Respuesta de estos dos ante el ofrecimiento no, sigue tú, da igual ¿Da igual? ¿Pero esto qué es, no es una carrera? Me sigo desesperando. Claro, si yo voy quinto en un grupo en el que segundo y tercero no pasan cuando se lo dicen, y pensando que ya debíamos ser de los últimos, ¿cómo voy a decir yo que me dejen pasar a mí? Chupando rueda desesperado y crispado alcanzo finalmente el punto donde muere el sendero y salimos a otra zona más ancha que llevaba a una bajada final que desembocaba en el pueblo.

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Esta bajada la habíamos subido para calentar Alonso, Alberto y yo, y habíamos visto que era muy rápida y que no agarraba. Bien, pues de repente, todos los que no habían querido pasar al hombre este salen escopeteados. Desisto, paso de jugármela en esa bajada. Sólo digo que frenando durante toda la bajada alcancé los 60 kilómetros hora, y que al llegar al final de la misma casi me quedo sin espacio para seguir frenando. Me encantan los frenos XT, pero he de admitir que en cuanto a retención bruta se quedan cortos. Pierdo otro par de posiciones al salirme un poco, pero recupero una al entrar en una especie de acequia por la que nos meten. Un zigzag nos lleva al arco de meta, y al no negociar bien estas curvas el que me precede me coge unos metros que no puedo recuperar porque encima pensando que voy en plato grande, hago el esprín en plato mediano. Ya lo que me faltaba. Muy mosqueado paso por meta y voy al coche, donde me esperan Alonso y Alberto. Ambos han quedado segundos en sus categorías. Alberto además vuelve a sacar puntos al que le seguía en la clasificación, así que se enfunda el maillot de líder. Yo acabé el 109 de 179, 58 de 106 en Máster 30. Mejor posición de la que esperaba al cruzar la meta, pero para nada contento porque tengo claro que mi participación fue muy mala. En la general escalé hasta la posición 43 de 164… lo que pasa es que muchos de los que hay detrás no han corrido más que una sola carrera. De hecho, que hayamos corrido dos o más somos sólo 53, así que no es para echar cohetes. Lo bueno es que he podido fijarme un objetivo realista, he de intentar colocarme entre los 30 primeros… difícil puesto que hay 125 puntos entre mi posición y la del 30, pero cuento con empezar a ir un poco mejor en la próxima carrera: El Sotillo el 8 de julio. Esta es más dura y además en julio, con lo que espero que más de uno esté de vacaciones. Tengo ganas de que llegue. A ver si bajo de peso y consigo entrenar mejor. Pero antes de El Sotillo tengo otra cita: las 24Doce de Moralzarzal.

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29 junio, 2012 Posted by | Mountain Bike y Ciclismo | , | 2 comentarios

Sean Bienvenidos. Circuito provincial Mtb de Guadalajara

El domingo día 13 de Mayo dio comienzo en la localidad de Trillo el I circuito provincial Mtb Diputación de Guadalajara, consistente en 11 pruebas que abarcarán desde dicho mes de Mayo hasta Diciembre. Desde el momento en que me enteré de la creación de este campeonato provincial, me planteé correr más de una prueba del mismo, y a ser posible, conseguir puntos de cara a la general, por pocos que fuesen y aunque no me fuese a reportar más que el orgullo de haberlos conseguido. Pues bueno, objetivo cumplido en la primera carrera. Aunque voy a ir por partes y contar lo ocurrido en los 15 días anteriores a la carrera.

Mi idea en un principio era correr en Colmenar -y vengarme de mi caída del año pasado-, luego en la prueba inaugural del campeonato de Guadalajara en Trillo, irme de concentración a Almería una semana y de esta forma preparar el Campeonato de Madrid de Maratón MTB, que se celebra el 10 de Junio. Esta hoja de ruta se está cumpliendo, aunque no todo lo bien que me esperaba.

Hay historias que empiezan mal desde su misma gestación. Si en Febrero acabé el Rally de Galapagar bastante contento por las buenas sensaciones que tuve, las cuales mejoraba semana a semana en Marzo, la climatología que empezó a hacer a partir de la última semana de Marzo, unido a unos días de vacaciones que me tomé, hicieron que apenas sumase kilómetros en todo el mes. De esa forma, perdí la poca forma que tenía desde Galapagar. Para mejorar la cosa, el día de la marcha de Colmenar amaneció lluvioso, frío y desapacible. Pero no era el peor nubarrón que tenía sobre mi cabeza. La tarde anterior, limpiando a mi flamante  nueva bicicleta, con la que ya había debutado en Galapagar, me encontré el tubo vertical totalmente fisurado en todo su perímetro justo en la unión de dicho tubo con la soldadura que soporta el amortiguador. Un cuadro con sólo 1400 kms, dado  en garantía por la fisura de otro cuadro apenas 6 meses antes. Es posible imaginarse mi disgusto. Las posibilidades eran, meterme en la carrera con el cuadro así, lo cual era una locura, o coger la otra bici, la de entrenamiento. El inconveniente de esta es que, aparte de ser rígida (se supone que se baja peor con una rígida por zonas técnicas, y ya de por si uno es torpe con una de doble suspensión…), los frenos no estaban para muchas alegrías y tenía mis dudas de que la transmisión aguantase 70 kms bajo la lluvia y el barro. La solución fue cambiar los frenos de una bici a la otra puesto que me encuentro más cómodo con los Shimano XT que con los Hayes Stroker, y rezar para que la transmisión aguantase… que es que además de ser los mismos platos y cassette que venían con la bici al comprarla en 2008, resulta que la cadena la tenía que haber quitado hacía 100 kms. Y para colmo, nunca había desmontado unos frenos… en fin, siempre hay una primera vez, pero me llevó toda la tarde preparar la bici.

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Desde el principio las sensaciones en Colmenar fueron pésimas

Así me presenté en Colmenar, bajo la lluvia y frío, bajísimo de forma, pasadísimo de kilos, con una bici con la que no me he metido nunca en zonas técnicas y más cruzado que los cables de Guti en una tertulia del frente atleti. El resultado era de esperar. Empezó la carrera y de primeras ya me planté en 180 pulsaciones, las cuales no hubo manera de bajar. Afortunadamente, había dejado de llover, pero el windtex me asfixiaba de calor. Vi cómo me pasaban Max y Robertín del club (qué grande Robertín, quien sin apenas entrenamiento se hizo la maratón), y hasta el apuntador. Cuando llegué al primer punto de control, me quité el windtex y me puse el maillot largo y una sensación extraña me llamó la atención. Empecé a sentir una presión muy rara y un pelín aguda en el pecho, y me asusté. Había ido todo el rato a 180, con picos de 189 pulsaciones… y claro, estando tan poco entrenado, mal asunto ir asi. Al reanudar, el calor del windtex se tornó en frío por el viento, empezó a llover, y en cada cuesta veía cómo no podía con mi alma. La presión en el pecho no se me quitaba, y estaba muy poco metido en carrera. No tenía sentido seguir, así que llegué al avituallamiento, y ahí terminó mi nefasta participación en la XI marcha de Colmenar. Igualito iba este año que el año pasado, qué rabia. En fin, una vez terminada por dos abandonos. Habrá que volver para darle la vuelta al resultado. Aunque me da que empieza a convertirse en una carrera maldita para mí.

Con estos antecedentes, me tocaba replantearme muchas cosas. La primera, no podía seguir permitiendo que vientos de veinticinco por hora, o frío, me dejasen en casa sin entrenar. Así que empecé a hacer lo que tenía que haber hecho desde el principio, rodillo. Por lo menos, para ir moviendo la patata un poco. Trillo quedaba descartada, por supuesto. Lo que tocaba era entrenar y entrenar para intentar llegar al Campeonato de Madrid. Pero claro, como no puedo estar sin meterme en foros, vi unos vídeos del recorrido de Trillo y me quedé alucinado. Y empecé a pensar que bueno, ok, era cierto que los organizadores de la carrera advertían de la dureza del recorrido, pero en el fondo, eran sólo 38 kms, con la posibilidad de acortar en el 20. Empecé a hablar con Alberto Zapata, y surgió la posibilidad de ir juntos. Así por lo menos salía más barato el tema, y si me retiraba, no me retiraba después de haber conducido 150 kms de ida. El tiempo empezó a acompañar a principios de la semana pasada, pude hacer kilómetros en plan mal estudiante que deja todo para el día antes del examen, y el jueves me inscribí a la carrera.

En el coche les comentaba a Alonso (quien también se vino) y a Alberto que bueno, yo iba a ver si terminaba. Alonso me dijo que ese era mal pensamiento, que había que ir porque se está seguro de terminar, y que luego pase lo que sea. Pero es curioso el poder de la mente y la concentración. En Colmenar, entre unas cosas y otras, no estaba metido en carrera. Sin embargo, durante toda la semana pasada me vi muy mentalizado para la carrera de Trillo. No es mala cosa, a veces es la cabeza la que consigue poner esas fuerzas que parece que tus piernas no tienen. Si no estás metido en carrera, a las primeras de cambio que te salen torcidas abandonas. Pero si estás concentrado y concienciado de lo que hay, logras aguantar el sufrimiento. La carrera de Trillo no era fácil; mientras que Colmenar eran 75 kms y 1300 de desnivel, en Trillo nos esperaban 1100 de desnivel en la mitad de distancia, 38, casi 39 kms. Casi casi el desnivel a salvar en la primera parte de MadridXtrema el año pasado… y mira que lo pasé mal entonces con lo bien que iba.

Si en Colmenar hizo frío y lluvia, en Trillo nos esperaba un calor asfixiante y un sol abrasador. He nombrado MadridXtrema antes, y creo que puedo decir que el tema del calor estuvo ahí ahí en ambas, con el agravante de que mientras que en MadridXtrema veníamos de pasar todo el verano, en Trillo apenas llevábamos 4 días de calor. Además, la hora de salida, las 10.00, jugó en nuestra contra. El sol nos aplastaba en la salida, y cuando comenzó el tema, lo primero fueron casi cinco kilómetros de subida con una inclinación más que respetable. Los consejos de Alonso y Alberto quedaron obsoletos ante ese porcentaje, pues por más que intentaba ir tranquilo, la propia inclinación me hacía ir a 180 pulsaciones… pero no eran las 180 de Colmenar, iba más desahogado. Al principio, lo típico, gente que hecha pie a tierra y te obliga a bajarte y hasta que encuentras un hueco para reanudar, te pasan un montón. Pero gracias a que tomamos la salida sólo 184, rápidamente quedó todo clarificado y la selección natural nos fue juntando por niveles.

La carrera consistía en cuatro subidas más o menos largas (entre 3 y 5 kms) con bajadas por senderos espectaculares, y hacia el final, los diez últimos kilómetros, un constante subebaja que me haría pasarlo fatal. En las bajadas me sorprendió ver que bajaba bastante mejor que otros muchos. Eso me fue animando y me fue haciendo sentir más y más seguro de mí y de la bici. Una vez más, qué importante es tener la cabeza en su sitio en este deporte. Si recuerdo lo clavado que estaba en Febrero con la bici de doble suspensión, me impresiona más si cabe haber bajado tan bien por los senderos de Trillo. Hubo una curva parabólica que define perfectamente esto. Llevaba a un chaval del club de Pastrana a cosa de diez metros. Al terminar una curva bastante larga y abierta de unos 40 metros de largo, estaba pegado a la rueda trasera de ese chaval. Simplemente me vi con la seguridad de no frenar al trazar la curva e inclinar la bici, cosa que nunca me atrevo a hacer. Tampoco es que de la noche a la mañana haya aprendido a bajar, porque los había que me cogían, pero sí me sentí mucho más suelto y sobre todo, seguro, y me sentía capaz de pilotar la bici, no seguirla por donde iba ella. Y eso con la bici de entrenamiento, vamos, una machada para mí. Me lo estaba pasando pipa en las bajadas. El problema es que la alta exigencia de las subidas pronto me hizo polvo, y ya al avituallamiento llegué justito. Me pude tomar un par de botellines de agua y respirar un poco, para luego bajar por una bajada rapidísima por donde ahí ni control ni nada, el suelo era de piedrecitas tan pequeñas que las ruedas resbalaban. Un par de veces estuve a punto de perder el control, pero llegué bien abajo. Ahí, se me enganchó uno del club de Trillo que me aconsejó que guardase fuerzas que empezaba lo peor. Y vaya si empezó. En el avituallamiento dudé si hacer la larga o la corta pero ya que estábamos, y me veía con fuerzas (pocas, pero las había) aún, hice la larga.  Tal vez, de saber lo que venía, me habría quedado con la corta, pero me alegro de no haberlo sabido.

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Una lástima no haber llegado en mejor forma para haber disfrutado de la senda final. (Foto propiedad de http://www.masmtb.com

Este que digo de Trillo tuvo una forma curiosa de decirme que guardase fuerzas: en un tramo de carretera, me había cogido varias decenas de metros, se giró y me hizo señas de que le cogiese. Pongo plato grande puesto que íbamos en llano, llego a él y me dice guarda fuerzas que viene lo peor. Yo me quedé como cabrón, pues si me vas a decir que guarde fuerzas frena tú, no me hagas cogerte para decirme que vaya despacio. Pero lo cierto es que su consejo me vino bien puesto que empezaba la última subida la cual, si bien era cómoda, con poca inclinación en sus rampas, no dejaba de ser otro tramo de subida. Ya me dejó un poco tocado para cuando empezaron los toboganes. Y menudos toboganes. Estaba a punto de coger a uno que me precedía, cuando de repente veo una pared de varios metros de ascensión. Aquí pateo, pensé. A partir de ese momento vinieron los momentos más agónicos, pues cada pared de esas que nos encontramos parecía más difícil que la anterior. Incluso andando, las pulsaciones no bajaban de 185, el calor era asfixiante, notaba que me estaba achicharrando y estaba sediento, pese a sentir el estómago lleno de agua. Las bajadas, algunas de las cuales eran por sendero, ya no tenían tanto de divertidas porque me sentía bastante lento de reflejos. Así que tuve que bajar el ritmo de bajada. En las subidas veía cómo me acercaba a los de delante, pero esos escasos veinte metros entre donde estaba yo y donde estaban ellos se convertían en una eternidad para superarlos. Fueron unos cinco kilómetros agónicos. Estábamos cerca pues veía la central nuclear al lado, pero eso no paraba de subir, y el calor de pegar fuerte. Esos momentos en los que piensas que qué cojones haces ahí. Por fin empezó una bajada que yo pensé que ya enlazaría con el sendero final… pero no, veo a un chico y una chica de la organización indicándome que a la izquierda, y veo otra subida más. Ya era la más pequeña de todas, apenas unos metros de nada, pero en tono lastimero pregunté: ¿todavía más subidas? Dudo de que nadie les haya preguntado de una forma tan agónica nunca nada a esos chicos. Me tratan de animar, y enfilo la subida, pero me bajo de la bici y arrastro otro poco. No eran más que unos metros de nada, pero no daba más de mí.

Empezó la última bajada larga, un sendero espectacular que de haber estado fresco, habría disfrutado muchísimo. Pero tuve que bajar con mucho tacto porque estaba muy fatigado. En un momento dado se me encabrita la bici, y a duras penas puedo dominarla cuando veo a un fotógrafo. Y yo pensando, si todavía le doy la instantánea de portada a este. Conseguí rehacerme con alivio y controlar la bici justo cuando me tragaba literalmente una piedra de buen tamaño. Menos mal, sólo faltaba haberme ahostiado y haberme perdido el cumpleaños de una capulla que yo me sé… vamos, viene a Madrid y me arregla el resto del cuerpo. Continúo bajando y de repente, en unas curvas muy cerradas, oigo un ruido y veo que se clava uno que iba delante al cual ni había visto de lo revirado que era el sendero. Tengo que parar yo y en esto que escucho cómo vienen otros dos lanzados por detrás. Apenas me da tiempo a quitarme de en medio. Como la zona era la más difícil de todas tuve que patear un poco hasta otra zona en la que poder volver a subirme a la bici. Me da rabia, porque podría haber hecho el sendero entero sin poner pie a tierra. Por fin llego al final. Me quedan apenas 500 metros, cargo plato grande y veo el arco de meta. Lo he conseguido. Al entrar escucho a Alonso y Alberto animándome, aunque no les veo. No veo nada. Llego al taxi de Alberto y dejo la bici bici en el suelo. Necesito beber algo. Me arrastré como pude a la barra donde servían cerveza y me cogí dos, las cuales engullí como si fueran un chupito. Si me llegan a dar cuatro, se me habrían seguido quedando cortas. Qué calor. Aproveché para hablar con el campeonísimo, Borja Chivato, quien al verme me saludó y me preguntó cómo estaba. Ante mi sorpresa me dijo que no había ganado, había entrado otro en primera posición y Carlitos Hernández, de EnBici Stevens, había sido segundo, quedando Borja tercero. Parece ser que hubo algo raro al final de la carrera puesto que iban un grupo de cuatro juntos, entre los que estaban Borja y Carlos, y se despistaron al entrar al pueblo y rodearon el pueblo, habciendo que otro entrase por delante de ellos. El caso es que al final, quien quedó como líder de la clasificación general fue Carlitos.

Siguiendo con la clasificación, no nos pudemos quejar los EnBici, puesto que al primer puesto en élite de Carlitos, se sumó el primer puesto en veteranos de Alonso, quien me dijo que adelantó al veterano que le precedía justo al final. Y a estos dos lideratos provisionales hubo que sumar el cuarto puesto de Alberto en máster 40. No estuvo nada mal la carrera en este aspecto. Mi clasificación fue al final el 103 con un tiempo de 2:55:42, lo cual me otorgó 198 puntos de cara a la general. Me pregunto qué habría pasado si no se me hubiera parado el que me bloqueó el paso en el último sendero, puesto que entré a 20 segundos escasos del 102. Pero es que el 99 entró en 2:55:08. Podría haber sido un bonito esprín. Pero bueno, lo importante es que conseguí terminar y acabar bastante contento la carrera.

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Se portó muy bien la pequeña Michelle en Trillo

Ahora toca seguir adelante en las siguientes carreras. El campeonato completo no lo podré correr porque me coinciden un par de carreras con otras carreras a las que también quiero ir, y a partir de octubre, sin fecha determinada aún, me tocará pasar por quirófano. Afortunadamente, de los 11 posibles resultados, se descuentan para la general los 3 peores, así que a ver si al final consigo una buena clasificación final. Acabar entre los 30 primeros de mi categoría no es tan descartable si soy regular y consigo acabar 8 carreras.

No quería terminar sin hacer una pequeña reseña a la bici con la que corrí esta prueba, Michelle, la otra. Siempre he tenido esta bici un poco de lado. Las piezas buenas y los gastos siempre iban para Lizzy primero, y Halia/Halia II ahora. Me compré a Michelle en el 2008 como bici de entrenamiento, como bici con la que conseguir no desgastar a mi otra bici. Por eso nunca se ha llevado los cuidados que debería haberle dado. Además, siempre me había pensado que mi torpeza a la hora de enfrentarme a zonas más complicadas se agudizaría con esta bici. El único momento de gloria que le dejé a esta bici fueron las 24Doce del 2010. Las circunstancias me obligaron a llevarla a esta carrera del provincial de Guadalajara, y creedme que no era a priori una buena opción. Sin embargo, mientras bajaba por esos senderos, pasando entre piedras y más piedras como si nada, aprendí a apreciar las virtudes de esta bici. He necesitado 4 años para apreciar su agilidad, lo bien que sube y lo bien que puede bajar. Es cierto que a veces es un poco tortura pues el cuadro es excesivamente rígido y transmite las vibraciones del terreno de forma muy brusca. Pero ha sido ponerle unos frenos con los que me siento más cómodo, unas ruedas mejores y un sillín apropiado, y ahora siento que me puedo enfrentar con ella a cualquier carrera. Ya veremos cuando toque elegir entre ella y la sucesora de Halia para las siguientes carreras. Desde luego ahora tengo claro que ha llegado el momento de invertir un poco en ella. En estos cuatro años, a excepción de la tija, el sillín y el desviador, no he necesitado cambiar nada, lo que es otra prueba del buen resultado que ha dado. Cada vez me pasa más que no sé apreciar lo que tengo hasta que pasa bastante tiempo.

 

9 junio, 2012 Posted by | Mountain Bike y Ciclismo | , , , | 2 comentarios

Fading Hours: I carrera Mttb Alto Tajo

Después de varios meses en silencio, reabro rápidamente el contacto con este blog. Mañana inicio mi participación en el primer circuito provincial de Mtb diputación de Guadalajara, y lo haré en la I carrera del Alto Tajo de Trillo. El circuito consta de 11 carreras, y mi intención es la de correr por lo menos la mitad. Ya veremos cómo se van sucediendo los acontecimientos. De momento, de mañana no espero gran cosa, tan sólo sobrevivir. Tras el desastre que supuso mi tercera participación en Colmenar Viejo hace apenas dos semanas, poco puedo esperar si no eso. Y va a estar bastante complicado, aunque son apenas 39 kilómetros de distancia, el desnivel a salvar es más que importante, 1100 metros. Además, el terreno es en su mayoría tierra rota, piedras y senderos. Y precisamente, no es que vaya sobrado de fuerzas ni suelto de lastre. Pero habrá que intentarlo, ¿no?

12 mayo, 2012 Posted by | Mountain Bike y Ciclismo | , | Deja un comentario

Better High. Rally de Galapagar 2012

Esperaba tan poquito, que tal vez por eso lo poco que hice me ha alegrado. Puede que no hiciese una gran carrera, si se miran los datos fríamente, pero lo cierto es que me quedé muy contento, y un día después, sigo igual decontento, así que, ¿para qué mirar nada más?

 

Como dije el otro día, esta era la primera vez que participaba en el Rally de Galapagar, ya fuese con la nueva denominación o con la anterior de Rally de los Embalses. Es curioso, porque cuando pregunté por primera vez a mi primo Enrique sobre qué maratones estaban bien para iniciarse en esto, el primero que me dijo fue este, y automáticamente se convirtió en objetivo. Pero como comenté ayer, ya fuese por el tiempo, o por las malas críticas que leí, no ha sido hasta tres años y cinco pruebas después de haber empezado a correr maratones que he tomado la salida en Galapagar. Y me alegro de haberlo hecho este año, puesto que como ha dicho un compañero del ForoMTB ha pasado de ser la peor marcha de Madrid a convertirse en todo un éxito.

 

El Madrugón

 

Si algo tiene de bueno esto de entrar a trabajar tan pronto como entro yo es que levantarte un domingo a las 6.00 de la mañana es algo casi rutinario. Así que nada, a esa hora me levanté, desayuné bien y tiré para Galapagar. Al llegar me encuentro la furgo de mi primo El Patrón, y como había sitio al lado, aparqué junto a él. Pensaba que estaría desayunando y qué va, luego lo vi salir de la furgo con legañas casi, que se había estado echando un sueñecito. El objetivo de llegar tan pronto era intentar evitar que en la entrega de dorsales se me hiciese tarde y empezase con las prisas y los nervios. Pero claro, una cosa es ir bien de tiempo y otra llegar con dos horas de adelanto a la salida. Evidentemente, no había ni el tato para coger dorsales, la gente empezó a llegar cuando salía yo con mi dorsal. El 667, repetía el número que elegí en mi primera participación en Colmenar. De vuelta al coche, me dediqué a estirar un poco la espalda y el cuello para hacer tiempo a que llegase alguien con quien ponerme a hablar. Salió Kike al rato de la furgo, y hablando con él y tal, se fue acercando la hora de salida. Luego me encontré al resto de compis del club que fueron, y al Peloss, al que hacía un montón que no veía… de hecho, sobre una bici no nos veíamos desde una semana después de participar en los 88 de Mamooth, mi primer maratón.

650 fueron los bikers que tomaron la salida

 

Primeros kilómetros

 

LLegaba yo a esta carrera con muchas dudas y he de admitir que incluso el sábado no tenía  las sensaciones que suelo tener antes de una carrera de estas. No me veía metido y me daba la sensación de que tenía poca ilusión. Casi me daba la impresión de estar cumpliendo un trámite. Es tontería puesto que nadie me obligaba a inscribirme, pero no sé, que no me veía. LLegaba con un gran bloqueo mental en cuanto al manejo de la bici, y con muchas dudas sobre mi estado físico. Vamos, que cuando decía que esperaba como mucho quedar entre los veinticinco últimos, no exageraba. La semana anterior habíamos hecho una ruta similar en desnivel con el club por la zona donde me caí el año pasado en Colmenar y me había arrastrado malamente. Tanto me había arrastrado que en la bajada en la que me caí en la carrera de Colmenar bajé totalmente acojonado, y luego, en la trialera del puente de la Marmota, me había bajado de la bici… la primera vez que hacía eso en la Marmota.

 

Así que en ese estado de dudas llegaba yo a la carrera. Tan mal me veía que no quise líos y me quedé al final del pelotón en la salida. Me sentía con poca confianza en el manejo de la bici, y prefería llegar a las primeras bajadas al final, puesto que si había algún incidente, se vería de lejos y daría tiempo a frenar. Es que había leído algo de que una bajada estaba muy jodida y de que se esperaba que  entonces se fuese aún en grupo y tal y pascual; incluso me influyó que Kike me dijese que hace años se cayó en esta carrera y acabó en el hospital  Así que nada, al final del pelotón. Pero es que cuando salimos comenzando con el tramo neutralizado, el final del pelotón era un coñazo, se iba despacísimo, se paraba todo el mundo porque se formaban tapones… nada, que en cuanto empecé a ver huecos, intenté meterme. Ya una vez lanzada la carrera intenté remontar todo lo posible, pero veía que me costaba. Me planteé ir la carrera tratando de remontar, pero he de decir, honestamente, y a riesgo de parecer prepotente, que mi  lugar no era el final del pelotón. Iba más rápido que muchos, pero al ir tan juntos, cada vez que conseguía adelantar a alguno, me taponaba otro y volvía a perder posiciones. En esto que llega una primera cuestecita con piedras, nada del otro mundo, pero se forma tapón por la gente que empieza a echar pie a tierra. Total, que me tengo que bajar, y hasta que consigo volver a meterme en carrera me pasan un montón. Encima, al volver a subirme a la bici arranqué la brida que sujetaba los cables del cambio de Halia, con lo que fui con los cables colgando toda la carrera. Los recogí como pude y pensé en llegar así hasta el primer avituallamiento. Luego se me olvidaría arreglarlos.

La parte de los senderos bordeando el embalse me pareció divertidísima y espectacular. (Foto propiedad de +mtb.com)

 

Pero antes de ese avituallamiento, había que pasar por las dos cuestas largas, las dos dificultades de la carrera. Una vez más tuve tiempo de arrepentirme  de haber salido tan atrás, puesto que la velocidad que llevaban todos los que iban delante de mí era excesivamente baja. Sobre todo en la primera subida, apenas había un solo sitio para rodar pues la otra trazada estaba llena de piedras, así que me estaba comiendo la moral. Joder, mucho más rápido no podía ir, pero sí lo suficiente como para subir más cómodo. Y sin embargo ahí estaba, en mitad de un grupo numerosísimo, atrapado, sin poder adelantar, y con un calor de mil demonios. Había salido con maillot largo, debajo uno corto y debajo una camiseta interior… y me sobraba todo. Así que decidí bajarme de la bici, asumir seguir perdiendo posiciones pero con un poco de suerte podría encontrar un hueco libre para subir más cómodo.

 

De esta forma llego al primer punto de control con 1.21.18 y en el puesto 548. Bueno, entre los 25 últimos no iba, pero tampoco mucho mejor. No sé si la primera bajada estaba antes o después del punto de control, el caso es que en la bajada también me tocó desesperarme un poco. Mira que yo bajo mal y que encima estaba acojonado, pero coño, es que los había mucho peores, y me pillaron todos delante. Digo esto con todo el respeto, que lo último que pensé en hacer fue achuchar a estos compañeros. Si los podía pasar en algún punto, los pasaba, y si no, esperaba. Yo mismo he sentido lo que es que te achuchen en una bajada, así que como para hacer yo lo mismo. El caso es que podía haber disfrutado más de esa bajada porque aunque tenía su peligro por lo rota que estaba, se podía hacer bien estando atento a la trazada.

 

Después de esto, tocaba la segunda subida, en la que se podía coger a ratos distinta trazada. El caso es que en ese punto no me encontré bien, y viendo el calor que hacía (joder con febrero) y que estaba alto de pulsaciones, decidí bajarme un rato y empujar la bici. Patético, pero tampoco estoy en una forma como para alardear. De esta forma llegué al primer avituallamiento, y a partir de ahí, la segunda parte de la carrera.

 

El tontolculo la Mondraker

 

El perfil de la carrera se hacía totalmente diferente a partir de este punto, ya no había subidas fuertes y el terreno era eminentemente plano hasta el final, con algunas subidas y bajadas cortas. Últimamente pienso que me van más las segundas partes de las rutas o carreras. Hace unas semanas, en un entrenamiento por Pinto, al principio iba horrorosamente mal, pero después me empecé a sentir mejor y acabé bastante fuerte, si se puede llamar fuerte a cómo voy últimamente. En la Alpujarra y Pedal me pasó igual, la segunda parte la hice mucho mejor que la primera. Así que me animé un poco pensando en que a lo mejor me crecía un poco según pasasen los kilómetros. Para empezar, en un camino bastante divertido empecé tal vez demasiado animado. El caso es que no me encontraba mal, pero el pulsómetro marcaba 170 pulsaciones. Iba cogiendo a gente pero me faltaba ese punch para poder adelantarles. Así que, cuando esto pasaba, me ponía a una distancia prudencial del que me precedía y esperaba a una parte más favorable para pasarle. En esto me pasa uno de rojo con una Mondraker. Le miro adelantarme y pienso este revienta de aquí a nada. LLevaba una forma de pedalear muy rara, iba dando cabezazos como si se estuviese dejando la vida. No hay peor cosa que esa, aunque a todos nos pase lo de los cabezazos cuando vamos al límite, pero es que hay que procurar moverse lo menos posible porque si no, no sólo pierdes fuerza pedaleando, sino que la pierdes en cada cabezazo. El caso es que el tío este nos coge cosa de veinte metros a los dos con los que yo iba y a mí. Pensé que ya le cogería y que si no, daba un poco igual, si era mejor que yo, pues oye, felicidades.

 

Llega un tramo más ancho y adelanto a los dos con los que iba y de repente llegamos al pantano de Valmayor y a una carretera que  lo rodea. En esto que veo que el de los cabezazos mira atrás y se para. Yo voy acelerando porque es bajada, pero al pasarle veo que se pega a mi rueda trasera. ¿Y este qué cojones hace? Pienso. Noto que es que viene viento de cara, claaaaro, por eso se ha parado este y se ha puesto detrás de mí, para ir a resguardo del viento. Es un comportamiento común en el ciclismo profesional, pero no deja de ser muy poco deportivo… y si lo es en el ciclismo profesional… ¿cómo lo es en una marcha de mountain bike y alrededor del puesto 500? Pues eso, poco deportivo y de un flipado que te pasas. Miro para atrás a ver si le da vergüenza y por lo menos hace como yo hago cuando voy detrás de alguien y se separa un par de metros. No. Vuelvo a mirar a ver si se da por aludido y no. ¿Qué hago, le dejo ahí? Es que no sé, es un poco patético que en la posición en que estamos nos pongamos así… no sé qué se cree que va a ganar, una cosa es la competitividad y otra cosa hacer el mamarracho como está haciendo este. Lo cierto es que, aunque suene prepotente (y ya van dos), me siento bastante superior a él, y me toca los cojones que vaya de listo. Si quieres ir a rueda, por lo menos lo dices compi, que voy mal y me pongo a rueda un poco, y yo te dejo. Pero en este plan… en este plan cargué plato grande, disminuí velocidad y de repente aceleré en abanico para abrirle hueco y que no me pueda coger rueda.

Evidentemente, no me siguió.

 

Una más para la colección

 

En este momento me entran las dudas. Lo normal es que me vuelva a coger más adelante, que tampoco estoy yo para hacer un despliegue de fuerzas. Pero por lo menos ya sabe que no le dejo coger rueda. El caso es que con el ritmo que he puesto cojo rápidamente al entrar en la zona del pantano a un terceto que iba unos cien metros por delante. La estrechez del sendero hace que no pueda adelantar, y como van a un ritmo cómodo, me quedo detrás del tercero a dos metros para no ir chupando rueda. Así vamos durante unos minutos hasta que llegamos a la cola del embalse, donde hay que bajarse de la bici y cruzar con ella al hombro. Lógicamente, vamos cruzando en orden… pero en esto que llega el de la Mondraker y cuando me iba a tocar cruzar…¡se me cuela! ¡Será gilipollas! En ese momento me descojoné de él, se necesitaba ser gilipollas. Pero a la vez decidí que, pasase lo que pasase, ese no entraba en meta por delante de mí. Puede que fuese lo mejor que me pudo pasar, porque a partir de ese momento, lo empecé a pasar genial, dando todo lo que tenía dentro. Encontré el acicate que me hacía falta para que esta no fuese una prueba más. Fue a partir de ese momento cuando de verdad disfruté. Cambié el chip completamente.

 

Si exceptuamos a este de la Mondraker, no me había pasado nadie desde que salí del primer avituallamiento. La gente ya iba lo bastante espaciada como para ir encontrándose grupos pequeños, así que se progresaba más rápido. Cuando crucé el pantano, lo más patético de este hombre de la Mondraker fue que lo primero que hizo fue quedarse atrancado en un pequeño bache que había formado una piedra. ¿Me pasas de esa manera para quedarte atrancado en una pequeña piedra? Aproveché y pasé la piedra limpiamente y le adelanté. Salió detrás de mí, pero rápidamente le cogí unos metros y llegué a la altura del que me precedía del terceto anterior. Lo pasé, después pasé a los otros dos y como tenía terreno libre por delante, apreté. Seguí cogiendo poco a poco a gente, muy con cuentagotas. Cada vez que veía que alguno se me acercaba por detrás, le invitaba a pasarme si iba más fuerte que yo, pero lo cierto es que aunque se me acercaban, ninguno mantenía mi ritmo. Estaba pasándomelo genial por los senderos rodeando el pantano, aunque me desvié sin querer en uno perdiendo el camino; tuve que cruzar un poco de campo para recuperar el sendero bueno. Así al final llegué al segundo avituallamiento.

 

Estaba encendido, quería que el de la Mondraker no me cogiese tiempo allí, así que, sabiendo que apenas había bebido agua entre el avituallamiento anterior y este, y que tenía suficiente en el camel para terminar, cogí un vaso de isotónica y un plátano que me daban en el avituallamiento y me los metí para dentro. Pedí otro de cada y en esto llegó el de la Mondraker. En apenas unos kilómetros desde la piedra le había sacado más de un minuto. Engullí el plátano y vacié el vaso de isotónica y volví a salir disparado. El sendero me estaba encantando, era divertidísimo, revirado, se podía correr por él. Por fin estaba sacándole partido a Halia. De  repente me había olvidado de todos los problemas que había tenido para aprender a manejarla y me sentía muy ágil y seguro en el pilotaje, tumbando, frenando poco al torcer (además, el freno de atrás había empezado a hacer ruidos muy raros), me estaba divirtiendo muchísimo con mi bici. Eso sí que era lo que esperaba de una Kona Hei Hei 100.

 

El sendero terminaba a los pies de la última subida. Una vez más me había despistado del camino correcto, me había saltado algún desvío y junto con uno al que había alcanzado tuvimos que volver a hacer campo a través para enlazar con el camino bueno. Empezó una última subida que se me iba a hacer muy larga. Había gastado bastante desde que había pasado lo del tipejo este de la Mondraker y pensé que lo pagaría en esa última subida, pero la verdad es que sólo me pasó uno, mientras que yo adelanté a un auténtico montón de gente. La subida se dividía en dos partes, primero una recta y luego se torcía a la derecha y se cogía otro tramo recto y largo que parecía que no se acababa nunca. Intenté aguantar el ritmo del que me había adelantado, pero me había cogido quince metros y pese a que iba pasando a mucha gente, a ese no lo cogía. LLegó un momento en que  decidí que él se merecía llegar primero y sólo intenté seguir adelantando al mayor número posible de gente. Al final llegamos a Galapagar en cosa de quince metros uno de Mammoth, este que me había adelantado y yo. El de Mammooth iba detrás del otro y llegando a una rotonda que llevaba a una recta tras la cual un giro de 90º te metía en meta, este de Mammooth aceleró. Aceleré yo también, pero pensé que era una tontería esprintar llegando en la posición en que estábamos. Allá cada cual, creo que es lícito hacerlo, y tampoco es reprochable, aunque no tiene mucho sentido. El caso es que el de Mammooth adelantó al otro, y el otro se puso a aplaudirle de forma irónica y a animarle como choteándose de él. Eso me pareció peor detalle, y entre eso, y que el tío este se estaba frenando, decidí pasarle yo también. Me dedicó las mismas burlas, pero vamos a ver, tampoco aceleré mucho más de cómo iba, ¿tenía yo que frenar porque él quisiera entrar despacio? Iba a dejarle entrar primero, pero la forma que tuvo de burlarse del de Mammooth me pareció poco elegante, así que había cumplido mi parte de juego limpio, no iba a frenar por respetar la posición a alguien que se estaba comportando de una forma tan estúpida. Si quieres ir frenando, frena, pero no te quejes si te adelantan.

 

Los tiempos

 

Al final, entré en la posición 444, con un tiempo de 3.39.41. En los tres puntos de control que hubo durante la prueba, habría progresado pasando en el primero el 548 con 1.21.18; en el segundo punto, ya en mitad del pique con el de la Mondraker,  pasé el 464 con un tiempo de 3.08.16. En el punto tres pasé el 465 en 3.19.52. No estuvo mal la progresión, la verdad. Es más, si tomamos el tiempo invertido entre punto y punto, mi clasificación yendo de un punto de control a otro habría sido de 548 en llegar al primer punto, el 431 en llegar al segundo, el 411 en llegar al tercero y el 344 en llegar al último. No sé si es mérito mío o demérito del resto. La verdad es que a partir del pique con el de la Mondraker aceleré mucho y esto hizo que me tomase la carrera de otra forma. Intenté ir al límite, forzando tal vez más que en ningún otro maratón de los que he terminado. Así que, aunque esperaba tan poco, o quizá por ello, sin ser una gran clasificación, me dejó un gran sabor de boca. No estuvo nada mal el debut de Halia en las carreras.

 

Los datos que arrojó el Oruxmaps.

La conclusión que me queda es positiva. Estoy mal de forma y pasado de kilos, como de costumbre (mi primo debería hacerme rebaja en la ropa porque cuando la llevo yo, la gente la ve más… se ve más cantidad de ropa y más despacio…), pero si comparo las sensaciones de un domingo a otro, el cambio ha sido sustancial. He pasado de no ir cómodo en la bici a sentirme con más ritmo. Y si lo comparo con el año pasado, la verdad es que me veo un pelín mejor. Me falta muchísimo punch, no es normal que me bajase de la bici en la subida en que me bajé. Tal vez tengo que intentar sufrir un poco en los entrenamientos. Para ello, empezaré a hacer series, a ver qué tal. Entre otras cosas, porque en apenas 20 días tengo carrera en Almería y esa es mucho más dura que esta. El marcador está de nuevo en empate, tres maratones en los que me retiré, y tres en los que he acabado. A ver si el maratón de El Ejido decanta la balanza a favor de  los acabados. Habrá que entrenar duro.

 

 

28 febrero, 2012 Posted by | Mountain Bike y Ciclismo | , , , , | Deja un comentario

Fading Hours: Rally de Galapagar 2012

Pues ya da comienzo mi temporada ciclista de este año. Mañana por la mañana estaré en Galapagar, para participar en el I Rally de Galapagar, antiguo Rally de los Pantanos. Siempre había querido correr el Rally de los Pantanos, pero el poco entrenamiento en el 2009, el mal tiempo en el 2010 y las nefastas crónicas concernientes a la organización que había leído en esos años anteriores, y que hicieron que en 2011 pasase de gastar dinero en una prueba con tan mala fama, hicieron que nunca llegase a correr por allí. Lo de los problemas organizativos parece que ya se subsanó el año pasado, de ahí que el club que organizaba esta carrera decidiese retirarse con el trabajo bien hecho. Este año toma el relevo el club ciclista de Galapagar, y parece que tienen las cosas muy curradas. Esperemos que así sea y pasemos un gran día mañana.

De mi participación espero bastante poquito, la verdad. LLego falto de forma, pasado de peso y con una terrible falta de confianza en mis fuerzas y sobre todo en mi destreza manejando la bici. He de admitir que no le tengo pillado el punto a mi nueva bici. Así que me lo tomaré con mucha calma, conformándome con llegar de una pieza. No tengo más expectativas. Mañana veremos qué pasa.

25 febrero, 2012 Posted by | Sin categoría | Deja un comentario